viernes, 30 de octubre de 2026

Raíces ramas pájaros / Alberto Szpunberg


 



III

El mar, yo sólo dije el mar, pero igual tiemblo:
todos estos bosques también pudieron haber sido o serán
barcos crujientes que con las velas hinchadas dejan
estelas, jarcias, banderas, gallardetes, esloras, grumetes,
medusas y brújulas inquietantes sobre el mar,


¿el mar? ¿por qué yo sólo dije el mar cuando sólo
bastaría con poder mirarse a los ojos y decir
naturalmente “bitácora” o simplemente “equinoccio”
o apasionadamente “Perla de Labuán” o “altos
sureste” y dar vuelta la página o, escuchame, “hacia
las rompientes empujan los vientos que soplan
implacables a estribor”?

pero tanta belleza se me confunde finalmente con ella,
ella que salía del mar como un animal fantástico.



viernes, 9 de octubre de 2026

Eso / Czeslaw Milosz

 




Ojalá por fin pudiera decir qué está en mí.
Gritar: gente, les mentí
diciendo que eso no estaba en mí,
cuando eso está ahí siempre, días y noches.
Aunque gracias a eso supe describir sus ciudades inflamables,
sus cortos amores y juegos desmembrándose en humus,
aretes, espejos, el deslizar de un tirante,
escenas de alcoba y de campos de batalla.
Escribir fue para mí estrategia de protección,
de borrar las huellas. Porque a la gente no puede gustarle
aquél que alcanza lo prohibido.

Llamo en mi ayuda a los ríos en los que nadé, lagos
con puentecillos entre cedazos, valle
en cuyo eco la canción duplica la luz del anochecer,
y confieso que mis extáticos halagos a la existencia
sólo pudieron ser entrenamientos de alto estilo,
Pero abajo estaba eso, que no me atrevo nombrar.

Eso se parece al pensamiento de alguien sin hogar, cuando
atraviesa la ciudad ajena, congelada.

Se asemeja al momento cuando un judío cercado ve aproximarse
los pesados cascos de los gendarmes alemanes.

Eso es cuando el hijo del rey se dirige a la ciudad y ve el mundo
real: pobreza, enfermedad, vejez y muerte.

Eso puede ser comparado con el inmóvil rostro de alguien
que entendió que fue abandonado para siempre.

O con las palabras del médico sobre la sentencia inevitable.

Porque eso significa enfrentar un muro de piedra
y entender que ese muro no cederá ante ninguna de nuestras súplicas.



sábado, 19 de septiembre de 2026

Fernando Pessoa / dos poemas

 




Peores males hay que estar enfermo,
dolores hay que no duelen ni en el alma
y que dolorosos son más que los otros.
Hay angustias soñadas más reales
que las que trae la vida, hay sensaciones
sentidas con sólo imaginarlas
más nuestras que la propia vida.
Hay tanta cosa que sin existir
existe, existe demoradamente
y demoradamente es nuestra y es nosotros...
Sobre el verde turbio del ancho río,
los circunflejos blancos de gaviotas...
Sobre el alma, el aleteo inútil
de cuando no fue, ni pudo ser, y es todo.

Dame más vino, que la vida es nada.






Para ser grande, sé entero. Nada
          tuyo exageres o excluyas.
Sé todo en cada cosa. Pon cuanto eres
           en lo más mínimo que hagas.
Así en cada lago la luna entera
           brilla, porque alta vive.




viernes, 11 de septiembre de 2026

Playa / Juan Gelman

 



un chico camina por la playa
se le caían fuegos otros pedazos dulces desde el hombro
o eran apenas las gaviotas su blancor
como un astro de plumas inmóvil duro duro
el chico amaba al mar sus entrañas violentas su corazón amargo
como viejos ahogados girando en sus naufragios todavía 
el chico iba bebiéndolos
así viajaba luego entre las rocas envueltas por el sol
viajes interminables
huesos que iban al japón ahora volteando lentos buscando su memoria en lucha con el mar
sus disparos de fósforo debajo de la noche
como las modeduras del amor sopresivo
bocas inmensas para el mar depósito de brazos el chico
esperaba una voz una mirada impura es decir viva aún en el oleaje
o eran los ecos de hombres y mujeres acosando al amor los perseguidos
sitiados
bellos
iluminados
sangres
la tarde palpitaba como una gran madre
el chico se inclinaba hacia el mar
a disolver su rostro tantos destinos.



viernes, 28 de agosto de 2026

Por último / Raúl Gustavo Aguirre

 






Haber dejado una moneda de fuego en la mano de otro,
haber atado ciertos hilos de amor y resplandor,
haber perdido algo
al salir de la casa vacía.

Haber estado, haber acompañado,
haber estado complicado con el viento que siempre tiene razón,
con la tierra y el agua y con la hierba que siempre tiene razón.

No haber cumplido años lejos de sí mismo,
no importa si de rodillas o en medio del pantano pero cerca de sí,
o entre asuntos pendientes o torcidos desde el comienzo,
pero masticados con tus dientes.

No importa ser interrumpido
si estás al pie del árbol gigante en el día sin fin,
al pie del árbol de piedras preciosas del sueño que sólo pertenece a los hombres,
y si has podido hablar con esas piedras
y acompañar hasta su casa a alguien
en un momento duro de la noche (y vivía tan lejos).

No importa que no haya solución para nadie ni perdón para nadie,
ni si al fin estás solo en las salinas de la madrugada
haciendo todo lo posible para que salga el sol,
para que estos rostros queridos no se hundan en los rápidos de la nada
que acecha tanta maravilla.



viernes, 21 de agosto de 2026

Huesos de sepia (tres poemas) / Eugenio Montale

 





Descansar absorto y pálido
junto al quemante muro de una huerta,
escuchar entre los arbustos y las ramas
chasquidos de mirlos, zigzaguear de serpientes.

En las hendiduras del suelo o sobre las habas
espiar las hileras de rojas hormigas
que se rompen o se trenzan
sobre minúsculos puñados de paja.

Mirar entre las frondas
el palpitar lejano de las escamas del mar,
mientras sube de las rocas desnudas
el tembloroso canto de las cigarras.

Y bajo el sol que enceguece
sentir con triste maravilla
cómo es toda la vida y sus penas,
en este transitar de bordes
sobre murallas coronadas de trozos de botella.




No te refugies en la sombra
de aquella fronda espesa
como el halcón que se lanza
fulminante en la canícula.

Es hora de dejar el cañar quebradizo
que parece que durmiera,
y de mirar las formas
de la vida que se consume.

Nos movemos en un polvillo
de vibrante nácar,
en un deslumbramiento que enceguece
y poco a poco nos reduce.

Lo sientes, en el juego de las áridas mareas
que se hace lento en esta hora difícil
en que arrojamos en un remolino sin fondo
nuestras vidas errantes.

Como ese cerco de acantilados
que parece desdibujarse
en telarañas de nubes;
así nuestros ardientes ánimos

en que la ilusión consume
un fuego lleno de ceniza,
perdidos en la serenidad
de una certeza: la luz.




Tráeme el girasol para que yo lo plante
en mi terreno calcinado por la sal,
y exhiba todo el día al azul espejeante del cielo
la ansiedad de su rostro amarillento.

Tienden a la luz las cosas oscuras,
se consumen los cuerpos en un fluir
de tintas: éstos en sonido. Desvanecerse
es entonces, la ventura de las venturas.

Tráeme la planta que lleva
donde nacen doradas transparencias
y se evapora la vida cual esencia;
tráeme el girasol enloquecido de luz.



viernes, 7 de agosto de 2026

Los días van tan rápidos / Gonzalo Rojas

 





Los días van tan rápidos en la corriente oscura que toda salvación
se me reduce apenas a respirar profundo para que el aire dure en mis pulmones
una semana más, los días van tan rápidos
al invisible océano que ya no tengo sangre donde nadar seguro
y me voy convirtiendo en un pescado más, con mis espinas.

Vuelvo a mi origen, voy hacia mi origen, no me espera
nadie allá, voy corriendo a la materna hondura
donde termina el hueso, me voy a mi semilla,
porque está escrito que esto se cumpla en las estrellas
y en el pobre gusano que soy, con mis semanas
y los meses gozosos que espero todavía.

Uno está aquí y no sabe que ya no está, dan ganas de reírse
de haber entrado en este juego delirante,
pero el espejo cruel te lo descifra un día
y palideces y haces como que no lo crees,
como que no lo escuchas, mi hermano, y es tu propio sollozo allá en el fondo.

Si eres mujer te pones la máscara más bella
para engañarte, si eres varón pones más duro
el esqueleto, pero por dentro es otra cosa,
y no hay nada, no hay nadie, sino tú mismo en esto:
así es que lo mejor es ver claro el peligro.

Estemos preparados. Quedémonos desnudos
con lo que somos, pero quememos, no pudramos
lo que somos. Ardamos. Respiremos
sin miedo. Despertemos a la gran realidad
de estar naciendo ahora, y en la última hora.



viernes, 31 de julio de 2026

estas son las palabras que amo / Gianni Siccardi

 




si tuviéramos un oficio donde reconocernos
y ganas de envejecer
si no conociéramos tanto lugar de ocio
tanta calle desordenada y abierta
tantos bares y hoteles
pozos de perdición o de violencia
donde se usan palabras extraviadas
recursos rápidos
encuentros sin destino
vidas distintas
y hubiéramos abandonado el deseo de volver a partir
de conocer gente desorbitada
alimentos extraños
músicas fáciles
islas distantes

si no tuviéramos amigos muertos
y enemigos
amores olvidados
si no estuviéramos cansados de los diarios de la
mañana
de los deportes y las ejecuciones
de las estrellas fugaces
de la ferocidad de la calle
de los ruidos de esta ciudad
a los que dentro de poco agregaremos otros ruidos
dejando que el reloj de la cocina
que el sol
recorran estas piezas
tus cosas y mis cosas
que entren aquí el calor y los gritos
que nuestras pobres cosas
sean azotadas por el sol y los malentendidos
que entre aquí la violencia
y se vaya sin saber que aquí un día
entraron la desesperación y el amor
o algo que se desesperaba por darse como el amor

si no tuviéramos las palabras
palabras de amistad de hastío de indiferencia
palabras complicadas con el amor
palabras que recuerdan el amor
aunque no le pertenezcan
si no tuviéramos los ruidos de las palabras
si no estuviéramos cansados de tanta estupidez
y tanto olvido
has pasado a mí
tu soledad que no comprendo
ha pasado a mi soledad
que no comprendo


aunque siempre estás entre los ruidos de mis palabras
he encendido este fuego para reconocerte



viernes, 24 de julio de 2026

Me voy a morir / Idea Vilariño

 




Me voy a morir
me voy a morir
devoro la sombra
los lampos el último
filo de oro el último
rosa con amor
sabiendo
mirándolos
con el desapego
del que está de paso
sabiendo
viviendo
la muerte que pronto
me quitará los ojos
para verlo olfato
para respirarlo
me quitará a mí
a mí
de mi sitio.
Por eso lo miro
poniendo los ojos
la piel
el amor
la horrible tristeza
y ese desapego
porque estoy de paso.



sábado, 18 de julio de 2026

Los acantilados irlandeses de Moher / Wallace Stevens

 






¿Quién es mi padre en este mundo, en esta casa,
en la base del espíritu?

El padre de mi padre, el padre de su padre, sus
sombras como vientos

vuelven a un pariente anterior al pensamiento, antes del habla,
a la cabeza del pasado.

Vuelven a los acantilados de Moher que se alzan en la bruma,
por sobre lo real,

se alzan sobre el tiempo y el lugar presentes, sobre
el pasto verde, húmedo.

Esto no es un  paisaje, pleno de las sonambulaciones
de la poesía

y el mar. Esto es mi padre, o tal vez,
es como él era,

un parecido, uno de la raza de los padres: tierra
y mar y aire.


viernes, 10 de julio de 2026

Desolado / Robert Frost

 






¿Dónde había oído este viento antes
convertirse así en un bramido más hondo?
¿Para qué creería que me quedaba ahí,
manteniendo abierta una puerta inquieta,
mirando cuesta abajo hacia una playa espumosa?
El verano había terminado y el día también.
Nubes sombrías se apiñaban por el poniente,
afuera en el piso vencido de la entrada
las hojas se levantaron en espiral y silbaron,
a ciegas apuntaron a mi rodilla y erraron.
Algo siniestro en el tono
me decía que mi secreto debía ser conocido:
la noticia de que estaba solo en casa
de algún modo debía haberse divulgado,
la noticia de que estaba solo en la vida.
La noticia de que sólo me quedaba Dios.



sábado, 4 de julio de 2026

Retrato de una mujer tomando un baño / William Carlos Williams

 




es una satisfacción
un placer
tener una de estas
en casa

cuando toma un baño
se desnuda
no es ninguna
Venus

sonrío al verla
una inca
tiritando junto al pozo
el sol está

contento de tener una colega
ante quien
maravillarse las aves y las flores
se asoman





viernes, 19 de junio de 2026

Porque no pude detenerme ante la muerte / Emily Dickinson

 




Porque no pude detenerme ante la muerte,
amablemente ella se detuvo ante mí;
el carruaje solo nos encerraba a nosotros
y a la inmortalidad.

Condujimos lentamente, ella no sabe de apuros;
y por su cortesía debí abandonar mis labores e incluso mis ratos de ocio.

Pasamos por la escuela donde jugaban los niños,
sus lecciones apenas concluidas;
pasamos frente a los campos de pastoreo
y ante el sol que se ponía.

Nos detuvimos ante una casa que parecía
una hinchazón de la tierra;
su techo, solo visible,
su cornisa, apenas un montículo.

Desde entonces han pasado siglos;
pero cada uno parece más corto
que el día en que anuncié por vez primera
que las cabezas de los caballos
apuntaban hacia la eternidad.






Because I could not stop for Death,
He kindly stopped for me;
The carriage held but just ourselves
And Immortality.

We slowly drove, He knew no haste,
And I had put away
My labor, and my leisure too,
For His civility.

We passed the school, where children strove
At recess, in the ring;
We passed the fields of gazing grain,
We passed the setting sun.

Or rather, He passed us;
The dews grew quivering and chill,
For only gossamer my gown,
My tippet only tulle.

We paused before a house that seemed
A swelling of the ground;
The roof was scarcely visible,
The cornice but a mound.

Since then ’tis centuries, but yet
Feels shorter than the day
I first surmised the horses’ heads
Were towards eternity.



viernes, 12 de junio de 2026

Oración / Adrián Desiderato

 




Quiero que no te escondas ni te extravíes en la ausencia.
Quiero que nuestros hijos te encuenttren cada día
en el exacto sitio  donde sueña tu carne.
Quiero que no te vayas ni de vos ni de mí,
que permanezcas en tu cuerpo para siempre entibiándonos.
Quiero que las llamas que te conforman  no se quiebren 
      /ni entren a su ceniza.
Quiero que permanezcas cerca de mí, viviéndome,
agitando pañuelos, saludándome.
Quiero que a pesar de la muerte  te encapriches y vivas.

Sólo un poema quedará de este amor,
abro la puerta para que entres en él, con nuestros hijos y
      /nosotros.
Acurrucados viviremos allí, como durmiéndonos, y él
será nuestro fuego contra la eternidad, los siglos.
Sus versos nos darán de comer, de beber, de sentir.
Y cuando alguien lo lea desde su hombre futuro
nuestros cuerpos volverán a temblar
y en un lugar del mundo se encenderá una casa
como la nuestra,
donde estaremos vos y yo y nuestros hijos
como estamos ahora, envueltos en ternezas,
escuchando la lluvia que nos da de vivir.






sábado, 6 de junio de 2026

Retorno de Paul Éluard / Rafael Alberti

 






Vienes a mí, lejano, en esta tarde
de primavera austral, aureolada
la frente de esa luz definitiva
que te fuiste labrando día a día
hasta fijarla ahora con tu muerte.
 
Apenas si te vi, bella espiga de Francia,
una noche de octubre,
cuando aún no yacía la libertad volcada
bajo un mundo de escombros
y en tus libros de amor,
en las palabras simples de tus sueños
no había el rostro de la paz velado
de luto su blancura.
Hoy retornas a mí, de pie, distante,
por encima del mar, hoy que has muerto.
 
                                                                Querría
seguir ahora esa amistad, que hubiera
cantado tan alegre y por tantos
motivos tristes que tú bien conoces
sólo supo el calor de nuestros dedos.
Siéntate en mi pequeño jardín de desterrado.
 
Estas flores —las dalias,
las mariposas griegas y amarilis—;
estas enredaderas —las glicinas,
la fiel enamorada de los muros—;
la estrella federal, el paraíso,
el magnolio —estos árboles—,
todo este verde amigo que me ciñe
y hace ya tanto tiempo me acompaña,
se lo ofrezco a tu vivo corazón.
                                                           Has llegado.
Tu vida empieza ahora.
              Háblame.
                     Hablemos.
 
                                                                           (1952)





sábado, 30 de mayo de 2026

La palabra / Paul Éluard

 




Tengo la belleza fácil y es suerte.
Yo resbalo sobre el tejado de los vientos
Yo resbalo sobre el techo de los mares
Me he vuelto sentimental
No conozco más al conductor
No me muevo más ni sobre los hielos
Estoy enferma flores y guijarros
Amo lo más complicado de las nubes
Amo el más desnudo vuelo de pájaros
Soy vieja pero aquí soy bella
Y la sombra que desciende de las ventanas profundas
libra cada tarde el corazón negro de mis ojos.




viernes, 22 de mayo de 2026

Cartero Cheval / André Breton

 




Nosotros los pájaros que encantas siempre desde lo alto de esos
belvederes
Y que cada noche no formamos más que una rama florecida de
tus hombros a los brazos de tu carretilla bienamada
Que nos desprendemos más vivos que centellas de tu muñeca
Somos los suspiros de la estatua de cristal que se incorpora
cuando el hombre duerme
Y brechas brillantes se abren en su lecho
Brechas por las que pueden percibirse ciervos de cuernos de
coral en un claro del bosque
Y mujeres desnudas en lo profundo de una mina
Recuerdas te levantabas entonces descendías del tren
Sin una mirada para la locomotora presa de inmensas raíces barométricas
Que se queja en la selva virgen con todas sus calderas doloridas
Sus chimeneas con humo de jacintos y movida por serpientes azules
Te precedíamos entonces nosotros las plantas sujetas a metamorfosis
Que cada noche hacíamos signos que el hombre puede sorprender
Mientras su casa se desploma y se sorprende ante los engranajes singulares
Que busca su lecho con el corredor y la escalera
La escalera se ramifica indefinidamente
Conduce a una puerta de haces de heno se abre de pronto sobre
una plaza pública
Hecha de dorsos de cisnes una ala abierta para el pasamano
Gira sobre sí misma como si fuera a morderse
Pero se contenta con abrir bajo nuestros pasos todos sus escalones
como gavetas
Gavetas de pan gavetas de vino gavetas de jabón gavetas de espejos
gavetas de escaleras
Gavetas de carne con empuñaduras de cabellos
A la hora precisa en que millares de patos de Vaucanson
se alisan las plumas
Sin volverte tomabas la llana con que se hacen los senos
Te sonreíamos nos enlazabas por el talle
Y tomábamos las actitudes según tu placer
Inmóviles para siempre bajo nuestros párpados tal como la mujer
gusta de ver al hombre
Después de haber hecho el amor.



viernes, 8 de mayo de 2026

Culminación del dolor / Bukowski







Oigo incluso como ríen
las montañas
arriba y abajo de sus azules laderas
y abajo en el agua
los peces lloran
y toda el agua
son sus lágrimas.
Oigo el agua
las noches que consumo bebiendo
y la tristeza se hace tan grande
que la oigo en mi reloj
se vuelve perillas en la cómoda,
se vuelve papel sobre el suelo,
se vuelve calzador,
ticket de la lavandería,
se vuelve humo de cigarrillo
escalando un templo de oscuras enredaderas…
Poco importa
poco amor
o poca vida
no es tan malo.
Lo que cuenta
es observar las paredes
yo nací para eso

nací para robar rosas de las avenidas de la muerte.




viernes, 1 de mayo de 2026

Cántico a Elisa (obertura) Louis Aragon

 





Te toco y veo tu cuerpo y tú respiras
Ya no es momento de vivir separados
Eres tú vas y vienes y en mí tienes tu imperio
Para lo bueno y para lo malo
Y jamás te sentí tan lejana

Juntos hallamos en el país de las maravillas
El placer verdadero color del absoluto
Pero al despertarme cuando vuelvo a vosotros
Si suspiro en tu oído
Como una despedida tú ya no la oyes

Ella duerme largamente yo la escucho callarse
Es ella entre mis brazos presente y sin embargo
Más ausente de estar en ellos y yo más solitario
Por estar más cerca de su misterio
Como un jugador que lee en los dados el punto perdedor

El día que parece arrancarla a la ausencia
Me la devuelve más turbadora y más bella que él mismo
De la sombra ha guardado el perfume y la escencia
Es como un sueño de los sentidos
El día que la trae es todavía una noche

Matorrales diarios en que nos arañamos
La vida habrá pasado como un aire obsesivo
Nunca harto de esos ojos que me provocan hambre
Mi cielo mi desesperación mi mujer
Trece años habré espiado tu silencio cantando

Igual que los moluscos graban el son del mar
Embriagando mi pecho trece años trece inviernos trece veranos
Habré temblado trece años en el umbral de las quimeras
Trece años de un miedo agridulce
Y trece años conjurando peligros inventados

Oh, mi pequeña el tiempo no está a nuestra altura
Mil y una noches son pocas para los amantes
Trece años son un día y son fuego de paja
Que quema a nuestros pies punto a punto
La alfombra mágica de nuestra soledad



viernes, 24 de abril de 2026

Pintor con Parkinson / Joaquín Giannuzzi

 




El mal había hecho de su cuerpo
un vacilante sistema
de nervios y huesos con el orden perdido.
Pero la mayor desgracia
se ensañaba en sus manos
sacudidas por un sismo interior, quebrada
su íntima relación creadora con los ojos.
La materia sensible del mundo
había extraviado toda finalidad. ¿Qué hacía allí
ese jardín sin testimonio, o la luz
entrando inutilmente en las habitaciones?
Frente al destino muerto de los pinceles secos
en el alféizar de la ventana
él estaba pintando
a lo largo de su cerebro herido
un friso de figuras y colores desconocidos, acaso
imágenes que soñaban nuevas formas del sufrimiento.