viernes, 30 de enero de 2026

Confesiones / Luis García Montero

 




Yo te estaba esperando.
Más allá del invierno, en el cincuenta y ocho,
de la letra sin pulso y el verano
de mi primera carta,
por los pasillos lentos y el examen,
a través de los libros, de las tardes de fútbol,
de la flor que no quiso convertirse en almohada,
más allá del muchacho obligado a la luna,
por debajo de todo lo que amé,
yo te estaba esperando.
Yo te estoy esperando.
Por detrás de las noches y las calles,
de las hojas pisadas
y de las obras públicas
y de los comentarios de la gente,
por encima de todo lo que soy,
de algunos restaurantes a los que ya no vamos,
con más prisa que el tiempo que me huye,
más cerca de la luz y de la tierra,
yo te estoy esperando.
Y seguiré esperando.
Como los amarillos del otoño,
todavía palabra de amor ante el silencio,
cuando la piel se apague,
cuando el amor se abrace con la muerte
y se pongan mas serias nuestras fotografías,
sobre el acantilado del recuerdo,
después que mi memoria se convierta en arena,
por detrás de la última mentira,
yo seguiré esperando.



viernes, 23 de enero de 2026

Francesca / Ezra Pound

 




Saliste de la noche,
y había flores en tus manos.
Ahora saldrás  de una confusión de gente,
de entre un tumulto de conversaciones sobre tí.

Yo, que te vi entre cosas primordiales,
me enojé cuando pronunciaron tu nombre
en lugares comunes.
Quisiera que las olas frescas cubrieran mi mente,
y que el mundo se secara como una hoja muerta,
o como semillas de diente de león y fuera arrastrado,
para poder encontarte de nuevo,
sola.



viernes, 16 de enero de 2026

Horizonte / Pierre Reverdy

 



Mi dedo sangra
Con él
Te escribo
El reinado de los viejos reyes se acabó
El ensueño es un jamón
Pesado
Que cuelga del techo
Y la ceniza de tu cigarro
Contiene toda la luz

En la curva del camino
Los árboles sangran
El sol asesino
Ensangrienta los pinos
Y a los que pasan por la pradera húmeda

La tarde en que se durmió el primer mochuelo
Yo estaba ebrio
Mis miembros laxos cuelgan ahí
Y el cielo me sostiene
El cielo en que lavo mis ojos todas las mañanas



viernes, 9 de enero de 2026

Playa de Berck / Sylvia Plath

 


                                   I

Así que esto es el mar, este inmenso pasmo.
Ah, cómo supura mi herida inflamada con el cataplasma del sol.

Sorbetes de colores electrizantes, extraídos del congelador
por pálidas muchachas, recorren el aire en manos requemadas.

¿Por qué está todo tan tranquilo? ¿Qué andarán buscando?
Yo sí tengo dos piernas, y camino sonriente.

Una sordina de arena mitiga las vibraciones;
extendiéndose varios quilómetros, reduce las viejas voces
 
ondulantes, sin muletas, a la mitad de su tamaño.
Las líneas de mira, abrasadas por estas superficies yermas,
 
son como búmeran, como gomas sujetas que al volver golpean a sus dueños.
No me extraña que ese hombre lleve gafas de sol.
 
No me extraña que vista una sotana negra.
Ahí viene, andando entre los pescadores de caballa
 
que le vuelven la espalda formando un muro, mientras manipulan
los rombos verdes y negros como si fueran partes de un cuerpo.
 
El mar, que los cristalizó, se marcha reptando, escindido
en miles de serpientes, con su sempiterno siseo de angustia.

 

viernes, 2 de enero de 2026

Ella / Jorge Boccanera

 



Viene despacio
entra
tropieza con mi tos
con mi costumbre de dejar la nuca
en cualquier parte
viene despacio
ordena mis silencios
desata las palabras necesarias
recibe la correspondencia de mis ojos
viene despacio
a tender sus manteles de ternura
viene despacio
apenas hecha humo para no despertarme
se abre paso entre vasos arrojados al día
retratos de mujeres
noches de bronca y noches de ginebra
viene despacio
con su enchape celeste subiéndose a mis mástiles
viene despacio
entra
se arrodilla al borde de mi alma
y junta los fragmentos de mi risa
después... se vuela azul como la tarde.

viernes, 26 de diciembre de 2025

Nadie, ni siquiera la lluvia / E.E Cummings

 



En algún lugar al que nunca he viajado,
felizmente más allá de toda experiencia,
tus ojos tienen su silencio:
en tu gesto más frágil hay cosas que me encierran
o que no puedo tocar porque están demasiado cerca.

Con una ligera mirada me liberas.
Aunque me haya cerrado como un puño,
siempre abres, pétalo a pétalo, mi ser,
como la primavera abre con misteriosa destreza su primera rosa.

O si deseas cerrarme, yo y
mi vida nos cerraremos muy hermosa y súbitamente,
como cuando el corazón de esta flor imagina
la nieve cayendo cuidadosamente por doquier.

Nada que hayamos de percibir en este mundo iguala
la fuerza de tu intensa fragilidad, cuya textura
me somete con el color de sus campos,
retornando a la muerte y la eternidad con cada respiro.

(Ignoro tu destreza para cerrar y abrir,
solo algo en mí entiende
que la voz de tus ojos es más profunda que todas las rosas)
Nadie, ni siquiera la lluvia tiene manos tan pequeñas.


viernes, 12 de diciembre de 2025

Si muero joven / Pessoa

 



Si muero joven,
sin poder publicar libro ninguno,
sin ver la cara que tienen mis versos en letra impresa,
pido que, si quisieran tacharse por mi causa,
que no se tachen.
Si así ocurrió, está bien así.
Aunque mis versos no se impriman nunca,
tendrán su belleza si fueran bellos.
Pero no pueden ser bellos
y quedar por imprimir,
porque las raíces pueden estar bajo la tierra
pero las flores florecen al aire libre y a la vista.
Tiene que ser así por fuerza.
Nada lo puede impedir.
Si muero muy joven, oíd esto:
Nunca fui un niño que jugaba.
Fui pagano como el sol y como el agua,
de una religión universal
que solamente los hombres no poseen.
Fui feliz porque no pedí nada,
ni procuré encontrar nada,
ni creí que hubiera más explicación
que el que la palabra explicación
no tenga ningún significado.
No deseé sino estar bajo el sol o la lluvia,
al sol cuando había sol
y bajo la lluvia cuando estaba lloviendo
(y nunca al contrario),
sentir calor y frío y viento,
y no ir más lejos.
Una vez amé, creí que me amarían,
pero no fui amado.
No fui amado por la única gran razón:
porque no podía ser.
Me consolé volviendo al sol y a la lluvia,
y sentándome otra vez a la puerta de casa.
Los campos, al fin, no son tan verdes
para los que son amados
como para los que no lo son.
Sentir es estar distraído.