viernes, 7 de agosto de 2026

Los días van tan rápidos / Gonzalo Rojas

 





Los días van tan rápidos en la corriente oscura que toda salvación
se me reduce apenas a respirar profundo para que el aire dure en mis pulmones
una semana más, los días van tan rápidos
al invisible océano que ya no tengo sangre donde nadar seguro
y me voy convirtiendo en un pescado más, con mis espinas.

Vuelvo a mi origen, voy hacia mi origen, no me espera
nadie allá, voy corriendo a la materna hondura
donde termina el hueso, me voy a mi semilla,
porque está escrito que esto se cumpla en las estrellas
y en el pobre gusano que soy, con mis semanas
y los meses gozosos que espero todavía.

Uno está aquí y no sabe que ya no está, dan ganas de reírse
de haber entrado en este juego delirante,
pero el espejo cruel te lo descifra un día
y palideces y haces como que no lo crees,
como que no lo escuchas, mi hermano, y es tu propio sollozo allá en el fondo.

Si eres mujer te pones la máscara más bella
para engañarte, si eres varón pones más duro
el esqueleto, pero por dentro es otra cosa,
y no hay nada, no hay nadie, sino tú mismo en esto:
así es que lo mejor es ver claro el peligro.

Estemos preparados. Quedémonos desnudos
con lo que somos, pero quememos, no pudramos
lo que somos. Ardamos. Respiremos
sin miedo. Despertemos a la gran realidad
de estar naciendo ahora, y en la última hora.



viernes, 31 de julio de 2026

estas son las palabras que amo / Gianni Siccardi

 




si tuviéramos un oficio donde reconocernos
y ganas de envejecer
si no conociéramos tanto lugar de ocio
tanta calle desordenada y abierta
tantos bares y hoteles
pozos de perdición o de violencia
donde se usan palabras extraviadas
recursos rápidos
encuentros sin destino
vidas distintas
y hubiéramos abandonado el deseo de volver a partir
de conocer gente desorbitada
alimentos extraños
músicas fáciles
islas distantes

si no tuviéramos amigos muertos
y enemigos
amores olvidados
si no estuviéramos cansados de los diarios de la
mañana
de los deportes y las ejecuciones
de las estrellas fugaces
de la ferocidad de la calle
de los ruidos de esta ciudad
a los que dentro de poco agregaremos otros ruidos
dejando que el reloj de la cocina
que el sol
recorran estas piezas
tus cosas y mis cosas
que entren aquí el calor y los gritos
que nuestras pobres cosas
sean azotadas por el sol y los malentendidos
que entre aquí la violencia
y se vaya sin saber que aquí un día
entraron la desesperación y el amor
o algo que se desesperaba por darse como el amor

si no tuviéramos las palabras
palabras de amistad de hastío de indiferencia
palabras complicadas con el amor
palabras que recuerdan el amor
aunque no le pertenezcan
si no tuviéramos los ruidos de las palabras
si no estuviéramos cansados de tanta estupidez
y tanto olvido
has pasado a mí
tu soledad que no comprendo
ha pasado a mi soledad
que no comprendo


aunque siempre estás entre los ruidos de mis palabras
he encendido este fuego para reconocerte



viernes, 24 de julio de 2026

Me voy a morir / Idea Vilariño

 




Me voy a morir
me voy a morir
devoro la sombra
los lampos el último
filo de oro el último
rosa con amor
sabiendo
mirándolos
con el desapego
del que está de paso
sabiendo
viviendo
la muerte que pronto
me quitará los ojos
para verlo olfato
para respirarlo
me quitará a mí
a mí
de mi sitio.
Por eso lo miro
poniendo los ojos
la piel
el amor
la horrible tristeza
y ese desapego
porque estoy de paso.



sábado, 18 de julio de 2026

Los acantilados irlandeses de Moher / Wallace Stevens

 






¿Quién es mi padre en este mundo, en esta casa,
en la base del espíritu?

El padre de mi padre, el padre de su padre, sus
sombras como vientos

vuelven a un pariente anterior al pensamiento, antes del habla,
a la cabeza del pasado.

Vuelven a los acantilados de Moher que se alzan en la bruma,
por sobre lo real,

se alzan sobre el tiempo y el lugar presentes, sobre
el pasto verde, húmedo.

Esto no es un  paisaje, pleno de las sonambulaciones
de la poesía

y el mar. Esto es mi padre, o tal vez,
es como él era,

un parecido, uno de la raza de los padres: tierra
y mar y aire.


viernes, 10 de julio de 2026

Desolado / Robert Frost

 






¿Dónde había oído este viento antes
convertirse así en un bramido más hondo?
¿Para qué creería que me quedaba ahí,
manteniendo abierta una puerta inquieta,
mirando cuesta abajo hacia una playa espumosa?
El verano había terminado y el día también.
Nubes sombrías se apiñaban por el poniente,
afuera en el piso vencido de la entrada
las hojas se levantaron en espiral y silbaron,
a ciegas apuntaron a mi rodilla y erraron.
Algo siniestro en el tono
me decía que mi secreto debía ser conocido:
la noticia de que estaba solo en casa
de algún modo debía haberse divulgado,
la noticia de que estaba solo en la vida.
La noticia de que sólo me quedaba Dios.



sábado, 4 de julio de 2026

Retrato de una mujer tomando un baño / William Carlos Williams

 




es una satisfacción
un placer
tener una de estas
en casa

cuando toma un baño
se desnuda
no es ninguna
Venus

sonrío al verla
una inca
tiritando junto al pozo
el sol está

contento de tener una colega
ante quien
maravillarse las aves y las flores
se asoman





viernes, 19 de junio de 2026

Porque no pude detenerme ante la muerte / Emily Dickinson

 




Porque no pude detenerme ante la muerte,
amablemente ella se detuvo ante mí;
el carruaje solo nos encerraba a nosotros
y a la inmortalidad.

Condujimos lentamente, ella no sabe de apuros;
y por su cortesía debí abandonar mis labores e incluso mis ratos de ocio.

Pasamos por la escuela donde jugaban los niños,
sus lecciones apenas concluidas;
pasamos frente a los campos de pastoreo
y ante el sol que se ponía.

Nos detuvimos ante una casa que parecía
una hinchazón de la tierra;
su techo, solo visible,
su cornisa, apenas un montículo.

Desde entonces han pasado siglos;
pero cada uno parece más corto
que el día en que anuncié por vez primera
que las cabezas de los caballos
apuntaban hacia la eternidad.






Because I could not stop for Death,
He kindly stopped for me;
The carriage held but just ourselves
And Immortality.

We slowly drove, He knew no haste,
And I had put away
My labor, and my leisure too,
For His civility.

We passed the school, where children strove
At recess, in the ring;
We passed the fields of gazing grain,
We passed the setting sun.

Or rather, He passed us;
The dews grew quivering and chill,
For only gossamer my gown,
My tippet only tulle.

We paused before a house that seemed
A swelling of the ground;
The roof was scarcely visible,
The cornice but a mound.

Since then ’tis centuries, but yet
Feels shorter than the day
I first surmised the horses’ heads
Were towards eternity.