sábado, 18 de julio de 2026

Los acantilados irlandeses de Moher / Wallace Stevens

 






¿Quién es mi padre en este mundo, en esta casa,
en la base del espíritu?

El padre de mi padre, el padre de su padre, sus
sombras como vientos

vuelven a un pariente anterior al pensamiento, antes del habla,
a la cabeza del pasado.

Vuelven a los acantilados de Moher que se alzan en la bruma,
por sobre lo real,

se alzan sobre el tiempo y el lugar presentes, sobre
el pasto verde, húmedo.

Esto no es un  paisaje, pleno de las sonambulaciones
de la poesía

y el mar. Esto es mi padre, o tal vez,
es como él era,

un parecido, uno de la raza de los padres: tierra
y mar y aire.


viernes, 10 de julio de 2026

Desolado / Robert Frost

 






¿Dónde había oído este viento antes
convertirse así en un bramido más hondo?
¿Para qué creería que me quedaba ahí,
manteniendo abierta una puerta inquieta,
mirando cuesta abajo hacia una playa espumosa?
El verano había terminado y el día también.
Nubes sombrías se apiñaban por el poniente,
afuera en el piso vencido de la entrada
las hojas se levantaron en espiral y silbaron,
a ciegas apuntaron a mi rodilla y erraron.
Algo siniestro en el tono
me decía que mi secreto debía ser conocido:
la noticia de que estaba solo en casa
de algún modo debía haberse divulgado,
la noticia de que estaba solo en la vida.
La noticia de que sólo me quedaba Dios.



sábado, 4 de julio de 2026

Retrato de una mujer tomando un baño / William Carlos Williams

 




es una satisfacción
un placer
tener una de estas
en casa

cuando toma un baño
se desnuda
no es ninguna
Venus

sonrío al verla
una inca
tiritando junto al pozo
el sol está

contento de tener una colega
ante quien
maravillarse las aves y las flores
se asoman





viernes, 19 de junio de 2026

Porque no pude detenerme ante la muerte / Emily Dickinson

 




Porque no pude detenerme ante la muerte,
amablemente ella se detuvo ante mí;
el carruaje solo nos encerraba a nosotros
y a la inmortalidad.

Condujimos lentamente, ella no sabe de apuros;
y por su cortesía debí abandonar mis labores e incluso mis ratos de ocio.

Pasamos por la escuela donde jugaban los niños,
sus lecciones apenas concluidas;
pasamos frente a los campos de pastoreo
y ante el sol que se ponía.

Nos detuvimos ante una casa que parecía
una hinchazón de la tierra;
su techo, solo visible,
su cornisa, apenas un montículo.

Desde entonces han pasado siglos;
pero cada uno parece más corto
que el día en que anuncié por vez primera
que las cabezas de los caballos
apuntaban hacia la eternidad.






Because I could not stop for Death,
He kindly stopped for me;
The carriage held but just ourselves
And Immortality.

We slowly drove, He knew no haste,
And I had put away
My labor, and my leisure too,
For His civility.

We passed the school, where children strove
At recess, in the ring;
We passed the fields of gazing grain,
We passed the setting sun.

Or rather, He passed us;
The dews grew quivering and chill,
For only gossamer my gown,
My tippet only tulle.

We paused before a house that seemed
A swelling of the ground;
The roof was scarcely visible,
The cornice but a mound.

Since then ’tis centuries, but yet
Feels shorter than the day
I first surmised the horses’ heads
Were towards eternity.



viernes, 12 de junio de 2026

Oración / Adrián Desiderato

 




Quiero que no te escondas ni te extravíes en la ausencia.
Quiero que nuestros hijos te encuenttren cada día
en el exacto sitio  donde sueña tu carne.
Quiero que no te vayas ni de vos ni de mí,
que permanezcas en tu cuerpo para siempre entibiándonos.
Quiero que las llamas que te conforman  no se quiebren 
      /ni entren a su ceniza.
Quiero que permanezcas cerca de mí, viviéndome,
agitando pañuelos, saludándome.
Quiero que a pesar de la muerte  te encapriches y vivas.

Sólo un poema quedará de este amor,
abro la puerta para que entres en él, con nuestros hijos y
      /nosotros.
Acurrucados viviremos allí, como durmiéndonos, y él
será nuestro fuego contra la eternidad, los siglos.
Sus versos nos darán de comer, de beber, de sentir.
Y cuando alguien lo lea desde su hombre futuro
nuestros cuerpos volverán a temblar
y en un lugar del mundo se encenderá una casa
como la nuestra,
donde estaremos vos y yo y nuestros hijos
como estamos ahora, envueltos en ternezas,
escuchando la lluvia que nos da de vivir.






sábado, 6 de junio de 2026

Retorno de Paul Éluard / Rafael Alberti

 






Vienes a mí, lejano, en esta tarde
de primavera austral, aureolada
la frente de esa luz definitiva
que te fuiste labrando día a día
hasta fijarla ahora con tu muerte.
 
Apenas si te vi, bella espiga de Francia,
una noche de octubre,
cuando aún no yacía la libertad volcada
bajo un mundo de escombros
y en tus libros de amor,
en las palabras simples de tus sueños
no había el rostro de la paz velado
de luto su blancura.
Hoy retornas a mí, de pie, distante,
por encima del mar, hoy que has muerto.
 
                                                                Querría
seguir ahora esa amistad, que hubiera
cantado tan alegre y por tantos
motivos tristes que tú bien conoces
sólo supo el calor de nuestros dedos.
Siéntate en mi pequeño jardín de desterrado.
 
Estas flores —las dalias,
las mariposas griegas y amarilis—;
estas enredaderas —las glicinas,
la fiel enamorada de los muros—;
la estrella federal, el paraíso,
el magnolio —estos árboles—,
todo este verde amigo que me ciñe
y hace ya tanto tiempo me acompaña,
se lo ofrezco a tu vivo corazón.
                                                           Has llegado.
Tu vida empieza ahora.
              Háblame.
                     Hablemos.
 
                                                                           (1952)





sábado, 30 de mayo de 2026

La palabra / Paul Éluard

 




Tengo la belleza fácil y es suerte.
Yo resbalo sobre el tejado de los vientos
Yo resbalo sobre el techo de los mares
Me he vuelto sentimental
No conozco más al conductor
No me muevo más ni sobre los hielos
Estoy enferma flores y guijarros
Amo lo más complicado de las nubes
Amo el más desnudo vuelo de pájaros
Soy vieja pero aquí soy bella
Y la sombra que desciende de las ventanas profundas
libra cada tarde el corazón negro de mis ojos.