viernes, 19 de junio de 2026

Porque no pude detenerme ante la muerte / Emily Dickinson

 




Porque no pude detenerme ante la muerte,
amablemente ella se detuvo ante mí;
el carruaje solo nos encerraba a nosotros
y a la inmortalidad.

Condujimos lentamente, ella no sabe de apuros;
y por su cortesía debí abandonar mis labores e incluso mis ratos de ocio.

Pasamos por la escuela donde jugaban los niños,
sus lecciones apenas concluidas;
pasamos frente a los campos de pastoreo
y ante el sol que se ponía.

Nos detuvimos ante una casa que parecía
una hinchazón de la tierra;
su techo, solo visible,
su cornisa, apenas un montículo.

Desde entonces han pasado siglos;
pero cada uno parece más corto
que el día en que anuncié por vez primera
que las cabezas de los caballos
apuntaban hacia la eternidad.






Because I could not stop for Death,
He kindly stopped for me;
The carriage held but just ourselves
And Immortality.

We slowly drove, He knew no haste,
And I had put away
My labor, and my leisure too,
For His civility.

We passed the school, where children strove
At recess, in the ring;
We passed the fields of gazing grain,
We passed the setting sun.

Or rather, He passed us;
The dews grew quivering and chill,
For only gossamer my gown,
My tippet only tulle.

We paused before a house that seemed
A swelling of the ground;
The roof was scarcely visible,
The cornice but a mound.

Since then ’tis centuries, but yet
Feels shorter than the day
I first surmised the horses’ heads
Were towards eternity.



viernes, 12 de junio de 2026

Oración / Adrián Desiderato

 




Quiero que no te escondas ni te extravíes en la ausencia.
Quiero que nuestros hijos te encuenttren cada día
en el exacto sitio  donde sueña tu carne.
Quiero que no te vayas ni de vos ni de mí,
que permanezcas en tu cuerpo para siempre entibiándonos.
Quiero que las llamas que te conforman  no se quiebren 
      /ni entren a su ceniza.
Quiero que permanezcas cerca de mí, viviéndome,
agitando pañuelos, saludándome.
Quiero que a pesar de la muerte  te encapriches y vivas.

Sólo un poema quedará de este amor,
abro la puerta para que entres en él, con nuestros hijos y
      /nosotros.
Acurrucados viviremos allí, como durmiéndonos, y él
será nuestro fuego contra la eternidad, los siglos.
Sus versos nos darán de comer, de beber, de sentir.
Y cuando alguien lo lea desde su hombre futuro
nuestros cuerpos volverán a temblar
y en un lugar del mundo se encenderá una casa
como la nuestra,
donde estaremos vos y yo y nuestros hijos
como estamos ahora, envueltos en ternezas,
escuchando la lluvia que nos da de vivir.






sábado, 6 de junio de 2026

Retorno de Paul Éluard / Rafael Alberti

 






Vienes a mí, lejano, en esta tarde
de primavera austral, aureolada
la frente de esa luz definitiva
que te fuiste labrando día a día
hasta fijarla ahora con tu muerte.
 
Apenas si te vi, bella espiga de Francia,
una noche de octubre,
cuando aún no yacía la libertad volcada
bajo un mundo de escombros
y en tus libros de amor,
en las palabras simples de tus sueños
no había el rostro de la paz velado
de luto su blancura.
Hoy retornas a mí, de pie, distante,
por encima del mar, hoy que has muerto.
 
                                                                Querría
seguir ahora esa amistad, que hubiera
cantado tan alegre y por tantos
motivos tristes que tú bien conoces
sólo supo el calor de nuestros dedos.
Siéntate en mi pequeño jardín de desterrado.
 
Estas flores —las dalias,
las mariposas griegas y amarilis—;
estas enredaderas —las glicinas,
la fiel enamorada de los muros—;
la estrella federal, el paraíso,
el magnolio —estos árboles—,
todo este verde amigo que me ciñe
y hace ya tanto tiempo me acompaña,
se lo ofrezco a tu vivo corazón.
                                                           Has llegado.
Tu vida empieza ahora.
              Háblame.
                     Hablemos.
 
                                                                           (1952)





sábado, 30 de mayo de 2026

La palabra / Paul Éluard

 




Tengo la belleza fácil y es suerte.
Yo resbalo sobre el tejado de los vientos
Yo resbalo sobre el techo de los mares
Me he vuelto sentimental
No conozco más al conductor
No me muevo más ni sobre los hielos
Estoy enferma flores y guijarros
Amo lo más complicado de las nubes
Amo el más desnudo vuelo de pájaros
Soy vieja pero aquí soy bella
Y la sombra que desciende de las ventanas profundas
libra cada tarde el corazón negro de mis ojos.




viernes, 22 de mayo de 2026

Cartero Cheval / André Breton

 




Nosotros los pájaros que encantas siempre desde lo alto de esos
belvederes
Y que cada noche no formamos más que una rama florecida de
tus hombros a los brazos de tu carretilla bienamada
Que nos desprendemos más vivos que centellas de tu muñeca
Somos los suspiros de la estatua de cristal que se incorpora
cuando el hombre duerme
Y brechas brillantes se abren en su lecho
Brechas por las que pueden percibirse ciervos de cuernos de
coral en un claro del bosque
Y mujeres desnudas en lo profundo de una mina
Recuerdas te levantabas entonces descendías del tren
Sin una mirada para la locomotora presa de inmensas raíces barométricas
Que se queja en la selva virgen con todas sus calderas doloridas
Sus chimeneas con humo de jacintos y movida por serpientes azules
Te precedíamos entonces nosotros las plantas sujetas a metamorfosis
Que cada noche hacíamos signos que el hombre puede sorprender
Mientras su casa se desploma y se sorprende ante los engranajes singulares
Que busca su lecho con el corredor y la escalera
La escalera se ramifica indefinidamente
Conduce a una puerta de haces de heno se abre de pronto sobre
una plaza pública
Hecha de dorsos de cisnes una ala abierta para el pasamano
Gira sobre sí misma como si fuera a morderse
Pero se contenta con abrir bajo nuestros pasos todos sus escalones
como gavetas
Gavetas de pan gavetas de vino gavetas de jabón gavetas de espejos
gavetas de escaleras
Gavetas de carne con empuñaduras de cabellos
A la hora precisa en que millares de patos de Vaucanson
se alisan las plumas
Sin volverte tomabas la llana con que se hacen los senos
Te sonreíamos nos enlazabas por el talle
Y tomábamos las actitudes según tu placer
Inmóviles para siempre bajo nuestros párpados tal como la mujer
gusta de ver al hombre
Después de haber hecho el amor.



viernes, 8 de mayo de 2026

Culminación del dolor / Bukowski







Oigo incluso como ríen
las montañas
arriba y abajo de sus azules laderas
y abajo en el agua
los peces lloran
y toda el agua
son sus lágrimas.
Oigo el agua
las noches que consumo bebiendo
y la tristeza se hace tan grande
que la oigo en mi reloj
se vuelve perillas en la cómoda,
se vuelve papel sobre el suelo,
se vuelve calzador,
ticket de la lavandería,
se vuelve humo de cigarrillo
escalando un templo de oscuras enredaderas…
Poco importa
poco amor
o poca vida
no es tan malo.
Lo que cuenta
es observar las paredes
yo nací para eso

nací para robar rosas de las avenidas de la muerte.




viernes, 1 de mayo de 2026

Cántico a Elisa (obertura) Louis Aragon

 





Te toco y veo tu cuerpo y tú respiras
Ya no es momento de vivir separados
Eres tú vas y vienes y en mí tienes tu imperio
Para lo bueno y para lo malo
Y jamás te sentí tan lejana

Juntos hallamos en el país de las maravillas
El placer verdadero color del absoluto
Pero al despertarme cuando vuelvo a vosotros
Si suspiro en tu oído
Como una despedida tú ya no la oyes

Ella duerme largamente yo la escucho callarse
Es ella entre mis brazos presente y sin embargo
Más ausente de estar en ellos y yo más solitario
Por estar más cerca de su misterio
Como un jugador que lee en los dados el punto perdedor

El día que parece arrancarla a la ausencia
Me la devuelve más turbadora y más bella que él mismo
De la sombra ha guardado el perfume y la escencia
Es como un sueño de los sentidos
El día que la trae es todavía una noche

Matorrales diarios en que nos arañamos
La vida habrá pasado como un aire obsesivo
Nunca harto de esos ojos que me provocan hambre
Mi cielo mi desesperación mi mujer
Trece años habré espiado tu silencio cantando

Igual que los moluscos graban el son del mar
Embriagando mi pecho trece años trece inviernos trece veranos
Habré temblado trece años en el umbral de las quimeras
Trece años de un miedo agridulce
Y trece años conjurando peligros inventados

Oh, mi pequeña el tiempo no está a nuestra altura
Mil y una noches son pocas para los amantes
Trece años son un día y son fuego de paja
Que quema a nuestros pies punto a punto
La alfombra mágica de nuestra soledad