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viernes, 17 de noviembre de 2023

Apuntes / Alberto Szpunberg

 






VII

 

Aprendí de tu desnudez
la tarde en que supe lo que ella tiene que ver con el olor de la lluvia.
 
Ahora que llueve, aprendo de la lluvia,
íntima y transparente como tu desnudez en la tarde.
 
Huele a tierra, a hojas, a tristeza, a tu rostro, y sin embargo,
todo lo que se pueda decir sobre la lluvia son palabras:
lo único cierto ella misma lo dice contra la ventana,
contra el vidrio empañado donde sólo es posible dibujar tu nombre.
 
Sí, ya escucho, “en la hornalla ronronea el agua”, afuera anochece.
 
Miro cómo comienzan a llorar tus letras y callo:
la única manera de amarte ahora es callar y oír.




viernes, 27 de diciembre de 2019

Apuntes / Alberto Szpunberg






X

Hay un hombre que contempla la vieja hiedra y busca
    una palabra que no encuentra,
toma del suelo una hoja caída y sueña con la palabra
    que no encuentra esa palabra,
la hoja ―"dos o tres hojas"― es quebradiza y cruje entre
    las manos de un hombre como si fuera la palabra que
busca y que no encuentra,
pero sólo tiene los bordes rojizos como el atardecer,
    "esta tarde" en que hay un hombre que busca una
    palabra, esa palabra, y no la encuentra.
Mira la tierra, el muro rugoso bajo el sol ―"creo que es
    el sol"―, pero es otra la palabra que no encuentra:
¿será tu nombre que él no sabe y yo creo saber,
    cualquiera de estas palabras que él no lee y yo creo
    escribir?
A través de las hojas de la hiedra el hombre cree ver la
    palabra que no encuentra,
pero son las nubes de bordes rojizos como la hoja en el
    atardecer, "esta tarde" en que hay un hombre que
    busca una palabra y no la encuentra, "esos muertos"
    esa palabra.
Vendrá la noche y el hombre se sentará al pie de la
    hiedra agobiado por la palabra que no encuentra,
se dormirá soñando con la palabra que no encuentra,
y se despertará balbuceando inútilmente esa palabra que
    no encuentra,
y volverá a casa ―"la vieja casona donde la hiedra es un
    fino trazo sobre los altos muros"― y encenderá la
    hornalla pensando en la palabra que no encuentra,
    "esta tarde", esa palabra,
se inclinará a encender un cigarrillo y yo escribiré “el
    agua ronronea” y tú leerás “El agua ronronea” y él
    oirá que el agua ronronea.
Sin saber por qué ―"porque no sé, nunca sabré"― recién
    entonces el hombre podrá fumar tranquilo, "esta tarde",
    esta misma  ―sí, "ya sé, ya sé, esos muertos"― 
    en que hay otro hombre que busca una palabra y no
    la encuentra.
Como si otro hombre dijera: "tu voz me distrae de todo
    lo que dices",
como si otro hombre dijera: "de pronto tus palabras",
como si siempre otro hombre dijera la palabra, tu
    nombre quizás, este silencio.



viernes, 22 de febrero de 2019

Manlleu / Alberto Szpunberg









I

Ahí estaba el roble en medio del campo tocado por la
     lluvia de la mañana
y la sombra ocre de hojas y más hojas a sus pies,
caminé hacia él entre la niebla sostenida en el aire como
     el aliento de la ceniza
y sus ramas desnudas aguantaban la tristeza del mundo,
     y cómo goteaba.
Bajo todo eso me cobijé para pensar en ella junto al fuego,
     ella observando pensativa cómo crepitan los leños,
con el rostro iluminado por el temblor de las llamas
mientras las gotas caían sobre mi cabeza descubierta

II

Y volví hasta la casa sorteando el cielo entre los charcos:
¿qué de mi tristeza crepitará entre sus brazos bajo la luz
     de su rostro?
¿qué ramas del roble crecerán en la noche de este país
     hasta encenderse?
¿qué de nuestro fuego echará raíces hasta abrazar el
mundo?

III

Sólo ella puede transformar la hoja en palabra
en este poema que sostenido por ella sólo existe,
esta hoja de roble a trasluz de las llamas
hasta que sus nervaduras ardan junto a su rostro pensativo:
demasiado fuego para que no crepite entre sus manos
como breve ceniza que se suma a la ceniza,
humo fugaz que sube hacia la niebla
donde el roble sostiene la tristeza del mundo
para que exista este poema donde ella, sólo ella
transforma la palabra en hoja para que siga ardiendo.

viernes, 19 de octubre de 2018

Apuntes / Alberto Szpunberg








II



Y digo "creo" porque no sé, nunca sabré.
Como si te dijera: he visto esta mañana dos o tres hojas
    amarillas que se agitaban en el árbol, un árbol,
pura fragilidad, inminente pero delicada, en el aire frío
    de diciembre.
Como si te dijera: esta mañana salí al balcón y, a mis
    pies, la parra era una espesura macilenta recorrida
    apenas por el susurro de las voces,
no sólo ahogadas brutalmente sobre la tierra,
pero también esas voces ahogadas sobre la tierra.
Entonces, ¿dónde empezó el encuentro, no de un cuerpo
    sobre otro sino de una sombra en la otra o del aire
    con el aire o de una mirada hacia la otra?
¿en qué momento de ayer —¿de qué ayer?— dejamos
    ver las cosas para adivinarnos, a tientas, uno en el otro
    y en los otros, o sea, válida luz esta luz
    la del presentimiento?
¿a la mañana de qué día hemos llegado o vuelto cuando
    nos inunda el mar azul, y los barcos pudriéndose
    sobre la arena, y el olor a historias de hombres sin
    otra historia que el tiempo justo para vivir y morir?
Desde la ventanilla del tren se alcanza a ver la vieja
casona donde la hiedra es un fino trazo sobre los
    altos muros.
Es un resplandor fugaz, muy fugaz, que ilumina tu perfil
    dorado por el sol.
¿El sol? Sí, creo que es el sol.




viernes, 7 de septiembre de 2018

Apuntes / Alberto Szpunberg







I

Es así, como la lluvia en la tarde,
nunca termino de llegar al fondo de tus ojos.
Demasiado dolor para hablar sueltamente del futuro,
cuando el húmedo brillo de la corteza huele a un bosque
crecido de golpe en el corazón del invierno, esta tarde, esos muertos.

Pero a qué abrazarme sino a ti, contra qué ventana
ver los brillos de la lluvia sino en tus ojos,
desde qué espera, bajo qué silencio.

¿A qué huele la tibieza de tu abrigo de lana
si no a esta lluvia, si no a ti misma,
tejida y desflecándose en el aire de la tarde?

En la hornalla ronronea el agua.
Encendamos un cigarrillo en su fuego y fumemos tranquilos:
existes, vivimos, y creo que te amo.