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sábado, 19 de septiembre de 2026

Fernando Pessoa / dos poemas

 




Peores males hay que estar enfermo,
dolores hay que no duelen ni en el alma
y que dolorosos son más que los otros.
Hay angustias soñadas más reales
que las que trae la vida, hay sensaciones
sentidas con sólo imaginarlas
más nuestras que la propia vida.
Hay tanta cosa que sin existir
existe, existe demoradamente
y demoradamente es nuestra y es nosotros...
Sobre el verde turbio del ancho río,
los circunflejos blancos de gaviotas...
Sobre el alma, el aleteo inútil
de cuando no fue, ni pudo ser, y es todo.

Dame más vino, que la vida es nada.






Para ser grande, sé entero. Nada
          tuyo exageres o excluyas.
Sé todo en cada cosa. Pon cuanto eres
           en lo más mínimo que hagas.
Así en cada lago la luna entera
           brilla, porque alta vive.




viernes, 12 de diciembre de 2025

Si muero joven / Pessoa

 



Si muero joven,
sin poder publicar libro ninguno,
sin ver la cara que tienen mis versos en letra impresa,
pido que, si quisieran tacharse por mi causa,
que no se tachen.
Si así ocurrió, está bien así.
Aunque mis versos no se impriman nunca,
tendrán su belleza si fueran bellos.
Pero no pueden ser bellos
y quedar por imprimir,
porque las raíces pueden estar bajo la tierra
pero las flores florecen al aire libre y a la vista.
Tiene que ser así por fuerza.
Nada lo puede impedir.
Si muero muy joven, oíd esto:
Nunca fui un niño que jugaba.
Fui pagano como el sol y como el agua,
de una religión universal
que solamente los hombres no poseen.
Fui feliz porque no pedí nada,
ni procuré encontrar nada,
ni creí que hubiera más explicación
que el que la palabra explicación
no tenga ningún significado.
No deseé sino estar bajo el sol o la lluvia,
al sol cuando había sol
y bajo la lluvia cuando estaba lloviendo
(y nunca al contrario),
sentir calor y frío y viento,
y no ir más lejos.
Una vez amé, creí que me amarían,
pero no fui amado.
No fui amado por la única gran razón:
porque no podía ser.
Me consolé volviendo al sol y a la lluvia,
y sentándome otra vez a la puerta de casa.
Los campos, al fin, no son tan verdes
para los que son amados
como para los que no lo son.
Sentir es estar distraído.



viernes, 2 de agosto de 2024

El cuidador de rebaños / Fernando Pessoa

 




XXXVII

Como una gran mancha de fuego sucio
el sol puesto se desmorona en las nubes que quedan,
un silbido vago viene de lejos en la tarde muy calma.
Debe ser un tren distante.

En eso me entra una vaga saudade
y un vago deseo plácido
que aparece y desaparece.

También, a veces, a flor de los arroyos,
se forman burbujan en el agua
que nacen y se disuelven
y no tienen ningún sentido
salvo el de ser burbujas de agua
que nacen y se disuelven.



viernes, 1 de diciembre de 2023

Intervalo doloroso / Fernando Pessoa

 




     Todo me cansa, incluso lo que no me cansa. Mi alegría es tan dolorosa como mi dolor.

     Quién pudiera ser un niño poniendo barcos de papel en un estanque de quinta; barcos de vela rústica hecha de parra entramada, que traza contrapuntos en rombos de luz y sombra verde sobre los reflejos sombríos del agua escasa.

    Entre la vida y yo hay un cristal tenue. Por más nítidamente que yo vea y comprenda la vida, no la puedo tocar.

      ¿Razonar mi tristeza? ¿Para qué, si el razonamiento es un esfuerzo? Y los tristes no pueden esforzarse. 

     Ni siquiera abdico de aquellos gestos banales de la vida de los que yo tanto quisiera abdicar. Abdicar es un esfuerzo, y yo no tengo aliento en el alma con que esforzarme.

     ¡Cuántas veces me oprime no ser el conductor de ese coche, el guarda de ese tren! Cualquier Otro banal indistinto cuya vida, sólo por no ser la mía, deliciosamente me penetra, de puro ajena, como algo querido.

     Yo no tendría horror a la vida si fuera una Cosa. La noción de la vida Como un Todo no me aplastaría los hombros del pensamiento.

      Mis sueños son un refugio estúpido, como un paraguas contra un rayo.

      Soy tan inerte, tan pobrecito, tan careciente de gestos y de actos.

    Por más que en mí mismo me embreñe y busque desenmarañarme, todos los atajos de mis sueños van a dar a claros de angustia.

      Incluso yo, el que tanto sueña, tengo intervalos en los que el sueño se me escapa. Entonces las cosas se me aparecen nítidas. Se evapora la niebla en que me circundo. Y todas las aristas visibles hieren la carne de mi alma. Todas las durezas miradas me lastiman al saberlas durezas. Todos los pesos visibles de objetos me pesan alma adentro.

       Mi vida es como si me golpeasen con ella.


viernes, 30 de septiembre de 2022

El guardador de rebaños / Fernando Pessoa

 




I


Yo nunca guardé rebaños
Pero es como si los guardara.
Mi alma es como un pastor,
Conoce el viento y el sol
Y anda de la mano de las Estaciones
Siguiendo y mirando.
Toda la paz de la Naturaleza sin gente
Viene a sentarse a mi lado.
Pero yo quedo triste como una puesta de sol
Para nuestra imaginación,
Cuando enfría el fondo del llano
Y se siente la noche entrada
Como una mariposa por la ventana.

Pero mi tristeza es sosiego
Porque es natural y justa
Y es lo que debe estar en el alma
Cuando ya piensa que existe
Y las manos cogen flores sin que ella se entere.

Como un ruido de cencerros
Más allá de la curva del camino
Mis pensamientos están contentos
Sólo me da pena saber que ellos están contentos
Porque, si no lo supiera,
En vez de estar contentos y tristes,
Estarían alegres y contentos.
Pensar incomoda como andar en la lluvia
Cuando el viento crece y parece que llueve más.
No tengo ambiciones ni deseos.
Ser poeta no es una ambición mía.
Es mi manera de estar solo.
Y si deseo a veces,
Por imaginar, ser corderillo
(O ser el rebaño todo
Para andar disperso por toda la ladera
Siendo muchas cosas felices al mismo tiempo),
Es sólo porque siento lo que escribo a la puesta de Sol,
O cuando una nube pasa la mano por encima de la luz
Y corre un silencio por la hierba.

Cuando me siento a escribir versos
O, paseando por los caminos o por los atajos,
Escribo versos en un papel que está en mi pensamiento,
Siento un cayado en las manos
Y veo una imagen de mí
En la cima de un otero,
Mirando mi rebaño y viendo mis ideas,
O mirando mis ideas y viendo mi rebaño,
Y sonriendo vagamente como quien no comprende lo que se dice
Y quiere fingir que comprende.
Saludo a todos los que me leen,
Agitando el sombrero ancho
Cuando me ven en mi puerta
Apenas la diligencia se levanta en la cima del otero.
Los saludo y les deseo sol,
Y lluvia, cuando la lluvia es necesaria,
Y que sus casas tengan
Al pie de una ventana abierta
Una silla predilecta
Donde se sienten leyendo mis versos.
Y al leerlos piensen
Que soy cualquier cosa natural—
Por ejemplo, el árbol antiguo
A la sombra del cual cuando niños,
Se sentaban con un sofoco, cansados de jugar,
Y limpiaban el sudor de la cabeza caliente
Con la manga del mandil rayado.




viernes, 11 de marzo de 2022

El pastor amoroso / Fernando Pessoa

 



                                                                           (Fragmentos)

El amor es una compañía.
Ya no sé andar solo por los caminos,
porque ya no puedo andar solo.
Un pensamiento visible me hace andar más deprisa,
y ver menos, y al mismo tiempo disfrutar de ir viendo todo.
Hasta la ausencia de ella es una cosa que está conmigo.
Y ella me gusta tanto que no sé cómo desearla.
Si no la veo, la imagino y soy fuerte como los árboles altos.
Pero si la veo tiemblo, no sé qué se ha hecho
de lo que siento en ausencia de ella.
Todo yo soy una fuerza que me abandona.
Toda la realidad me mira como un girasol
con la cara de ella en el medio.


***


He pasado toda la noche sin dormir, viendo, sin espacio,
tu figura.
Y viéndola siempre de maneras diferentes
de la que encuentro en ella.
Hago pensamientos con el recuerdo
de lo que es ella cuando me habla,
y en cada pensamiento cambia ella de acuerdo
con su semejanza.
Amar es pensar.
Y yo casi me olvido de sentir sólo pensando en ella.
No sé bien qué quiero, incluso de ella, y no pienso
más que en ella. Tengo una gran distracción animada.
Cuando deseo encontrarla
casi prefiero no encontrarla,
para no tener que dejarla después.
No sé bien lo que quiero, ni quiero saber qué quiero.
Sólo quiero pensar en ella.


***


Todos los días me despierto ahora con alegría y pena.
En otros tiempos me despertaba sin ninguna sensación:
despertaba.
Tengo alegría y pena por perder lo que sueño
y porque en la realidad puedo estar donde está lo que sueño.
No sé lo que he de hacer con mis sensaciones.
No sé lo que he de ser conmigo a solas.
Quiero que ella me diga algo para despertar de nuevo.



viernes, 20 de agosto de 2021

Tabaquería / Fernando Pessoa

 





No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Aparte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo.

Ventanas de mi cuarto,
del cuarto de uno de los millones en el mundo que nadie sabe
quién es
(Y si supiesen, ¿qué sabrían?),
Dais al misterio de una calle cruzada constantemente por gente,
A una calle inaccesible a todos los pensamientos,
real, imposiblemente real, cierta, desconocidamente cierta,
con el misterio de las cosas bajo las piedras y los seres,
con la muerte que mancha de humedad las paredes y hace
blancos los cabellos de los hombres,
Con el Destino que conduce la carroza de todo por el camino de
nada.

Hoy estoy vencido, como si supiese la verdad.
Hoy estoy lúcido, como si estuviese por morir,
Y no tuviese más hermandad con las cosas
Que la de una despedida, tornándose esta casa a este lado de la
calle
La hilera de vagones de un tren, y el silbido de una partida
Dentro de mi cabeza,
Y una sacudida de mis nervios y un chirriar de huesos al arrancar.
Hoy estoy perplejo, como quien pensó y halló y olvidó.
Hoy estoy dividido entre la lealtad que debo
a la Tabaquería del otro lado de la calle, como cosa real por fuera,
y a la sensación de que todo es sueño, como cosa real por dentro.
Fracasé en todo.
Como no hice ningún propósito, tal vez todo fuese nada.
El aprendizaje que me dieron,
Descendí por la ventana trasera de la casa.
Fui al campo con grandes propósitos.
Pero allí sólo encontré yerbas y árboles,
Y cuando había gente era igual a la otra.
Me retiro de la ventana y me siento en una silla. ¿En qué he de
pensar?

¿Qué sé yo lo que seré, yo, que no sé lo que soy?
¿Ser lo que pienso? ¡Pienso ser tanta cosa!
¡Y hay tantos que piensan ser la misma cosa que no puede haber
tantos!
¿Genio? En este momento
cien mil cerebros se piensan en sueños genios como yo,
y la historia no señalará, ¿quién sabe? ni a uno,
no habrá sino un muladar para tantas futuras conquistas.
No, no creo en mí.
¡En todos los manicomios hay tantos locos deschavetados con
tantas certezas!
Yo, que no tengo ninguna certeza, ¿soy más cierto o menos cierto?
No, ni en mí...
¿En cuántas buhardillas y no buhardillas del mundo
No están en esta hora genios-para-sí-mismos soñando?
¿Cuántas aspiraciones altas y nobles y lúcidas—
Sí, verdaderamente altas y nobles y lúcidas—,
y quién sabe si realizables,
¿nunca verán la luz del sol real ni hallaran oídos de nadie?
El mundo es de quien nace para conquistarlo
Y no para quien sueña que puede conquistarlo, aunque tenga
razón.
He soñado más que Napoleón.
He abrazado contra el pecho hipotético más humanidades que
Cristo.
Hice filosofías en secreto que ningún Kant escribió.
Pero soy, y tal vez seré siempre, el de la buhardilla,
aunque no viva en ella;
seré siempre el que no nació para esto,
seré siempre sólo el que tenía cualidades;
seré siempre el que esperó que le abriesen la puerta al pie
de una pared sin puerta,
y cantó la cantiga del Infinito en un gallinero,
y escuchó la voz de Dios en un pozo cegado.
¿Creer en mí? No, ni en nada.
Que me derrame la Naturaleza sobre la cabeza ardiente
su sol, su lluvia, el viento que me despeina,
y lo demás que venga si viene o que tenga que venir, o que no
venga.
Esclavos cardíacos de las estrellas,
conquistamos todo el mundo antes de levantarnos de la cama;
pero nos despertamos y él es opaco,
nos levantamos y es ajeno,
Salimos de casa y es la tierra entera,
más el sistema solar y la Vía Láctea y lo Indefinido.
(Come chocolates, niña;
¡come chocolates!
Mira que no hay más metafísica en el mundo que la de los
chocolates.
Mira que todas las religiones no enseñan más que la confitería.
¡Come, niña sucia, come!
¡Si pudiera yo comer chocolates con la misma verdad con que tú
los comes!
Pero yo pienso y, al quitarles el papel plateado, que es de estaño,
Arrojo todo al suelo, como tiré la vida.)

Pero queda al menos de la amargura de lo que nunca seré
la caligrafía rápida de estos versos,
pórtico hendido hacia lo Imposible.
Pero al menos dedico a mí mismo un desprecio sin lágrimas,
noble al menos por el gesto amplio con que arrojo
la ropa sucia que soy, sin motivo, para el decurso de las cosas,
y me quedo en casa sin camisa.
(Tú que consuelas, que no existes y por eso consuelas,
o diosa griega, concebida como estatua con vida,
o patricia romana, imposiblemente noble y nefasta,
o princesa de trovadores, gentilísima y colorida,
o marquesa del siglo dieciocho, escotada y distante,
o cocotte célebre del tiempo de nuestros padres,
o no sé qué moderno —no concibo bien qué—,
todo eso, sea lo que fuera, lo que sea, si puede inspirar ¡qué
inspire!
Mi corazón es un balde vacío.
Como invocan espíritus los que invocan espíritus me invoco
Me invoco a mí mismo y nada encuentro.
Me acerco a la ventana y veo la calle con una nitidez absoluta.
Veo las tiendas, veo las aceras, veo los coches que pasan.
Veo los entes vivos vestidos que se cruzan,
veo los perros que también existen,
y todo esto me pesa como un condena al destierro,
y todo esto es extranjero, como todo.)
Viví, estudié, amé y hasta creí,
y hoy no hay mendigo al que no envidie sólo por no ser yo.
En cada uno miro los andrajos y las llagas y la mentira,
y pienso: tal vez nunca hayas vivido ni estudiado ni amado ni
creído
(Porque es posible hacer la realidad de todo eso sin hacer
nada de eso);
Tal vez hayas existido apenas, como un lagarto a quien cortan
la cola
y que es cola más acá del lagarto que se retuerce.
Hice de mí lo que no supe,
y lo que pude hacer de mí no lo hice.
Vestí un disfraz equivocado.
Me tomaron enseguida por quien no era, y no lo desmentí, y me
perdí.
Cuando quise arrancarme la máscara,
estaba pegada a la cara.
cuando la arrojé y me vi en el espejo,
ya había envejecido.
Estaba borracho, y no sabía vestir el disfraz que no me había
quitado.
Arrojé la mascara y dormí en el vestidor
como un perro tolerado por la gerencia
por ser inofensivo.
Y voy a escribir esta historia para probar que soy sublime.

Esencia musical de mis versos inútiles,
quién pudiera encontrarte como cosas que yo hice,
y no quedarme siempre enfrente de la Tabaquería de enfrente,
pisoteando la conciencia de estar existiendo,
como un tapete con el que tropieza un borracho
o la esterilla que los gitanos roban y no vale nada.
Pero el Dueño de la Tabaquería se asomó a la puerta y se quedó
en ella.
Lo miro con la incomodidad de la cabeza torcida
y con la incomodidad de una alma que mal entiende.
Él morirá y yo moriré.
Él dejará el letrero, yo dejaré versos.
Y un día morirá el letrero y también mis versos.
Después morirá la calle donde estuvo el letrero,
Y la lengua en que fueron escritos los versos.
Morirá después el planeta girante en que todo esto sucedió.
En otros satélites de otros sistemas cualquier cosa como nosotros
Continuará haciendo cosas como versos y viviendo debajo de las
cosas como letreros,
Siempre una cosa frente a otra,
siempre una cosa tan inútil como la otra.
siempre lo imposible tan estúpido como lo real,
siempre el misterio del fondo tan cierto como el sueño del
misterio de la superficie,
siempre ésta o aquella cosa o ni una ni la otra cosa.

Pero un hombre entra en la Tabaquería (¿a comprar tabaco?),
y la realidad plausible cae de repente sobre mí.
Me incorporo a medias enérgico, convencido, humano,
y voy a intentar escribir estos versos en los que digo lo contrario.
Enciendo un cigarro al pensar en escribirlos
y saboreo en el cigarro la liberación de todos los pensamientos.
Sigo el humo como mi camino,
y gozo, en un momento sensitivo y adecuado,
la liberación de todas las especulaciones
y la conciencia de que la metafísica es la consecuencia de una
indisposición.

Después me reclino en la silla
y sigo fumando.
Seguiré fumando hasta que el Destino me lo permita.
(Si me casase con la hija de mi lavandera
Tal vez sería feliz.)
Visto esto, me levanto de la silla. Me acerco a la ventana.
El hombre sale de la Tabaquería (¿guarda el cambio en el bolsillo
del pantalón?).
Ah, lo conozco: es Esteves sin metafísica.
(El Dueño de la Tabaquería llegó a la puerta.)
Como por un instinto divino, Esteves se volvió y me vio.
Hizo una señal de adiós, le grité ¡Adiós, Esteves!, y el universo
Se reconstruye en mí sin ideal ni esperanza, y el dueño de la
Tabaquería sonríe.


viernes, 28 de agosto de 2020

El guardador de rebaños / Fernando Pessoa

 




XLIX



Entro y cierro la ventana.
Traen el candil y dan las buenas noches.
Y mi voz alegre da las buenas noches.
Ojalá mi vida sea siempre esto:
un día lleno de sol, o suave de lluvia,
o tempestuoso como si se acabase el mundo,
la tarde suave y los grupos que pasan
mirados con interés por la ventana,
la última mirada amiga dada al sosiego de los árboles,
y después, cerrada la ventana, el candil encendido,
sin leer nada, ni pensar en nada, ni dormir,
sentir la vida corriendo en mí como un río por su lecho
y afuera un gran silencio como de dios dormido.



viernes, 20 de marzo de 2020

Si muero pronto / Fernando Pessoa






Si muero pronto,
Sin poder publicar ningún libro,
Sin ver la cara que tienen mis versos en letras de molde,
Ruego, si se afligen a causa de esto,
Que no se aflijan.
Si ocurre, era lo justo.

Aunque nadie imprima mis versos,
Si fueron bellos, tendrán hermosura.
Y si son bellos, serán publicados:
Las raíces viven soterradas
Pero las flores al aire libre y a la vista.
Así tiene que ser y nadie ha de impedirlo.
Si muero pronto, oigan esto:
No fui sino un niño que jugaba.
Fui idólatra como el sol y el agua,
Una religión que sólo los hombres ignoran.
Fui feliz porque no pedía nada
Ni nada busqué.
Y no encontré nada
Salvo que la palabra explicación no explica nada.

Mi deseo fue estar al sol o bajo la lluvia.
Al sol cuando había sol,
Cuando llovía bajo la lluvia
(Y nunca de otro modo),
Sentir calor y frío y viento
Y no ir más lejos.

Quise una vez, pensé que me amarían.
No me quisieron.
La única razón del desamor:
Así tenía que ser.

Me consolé en el sol y en la lluvia.

Me senté otra vez a la puerta de mi casa.
El campo, al fin de cuentas, no es tan verde
Para los que son amados como para los que no lo son:
Sentir es distraerse.



viernes, 26 de enero de 2018

Cuando ella pasa / Fernando Pessoa







Sentado junto a la ventana,
A través de los cristales, empañados por la nieve,
Veo su adorable imagen, la de ella, mientras
Pasa... pasa... pasa de largo...

Sobre mí, la aflicción ha arrojado su velo:
Una criatura menos en este mundo
Y un ángel más en el cielo.

Sentado junto a la Ventana,
A través de los cristales, empañados por la nieve,
Pienso que Veo su imagen, la de ella,
Que no pasa ahora... que no pasa de largo...





viernes, 23 de junio de 2017

Autopsicografía / Fernando Pessoa









El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
que hasta finge que es dolor
el dolor que de veras siente.

Y quienes leen lo que escribe,
sienten, en el dolor leído,
no los dos que el poeta vive
sino aquél que no han tenido.

Y así va por su camino,
distrayendo a la razón,
ese tren sin real destino
que se llama corazón.



sábado, 18 de abril de 2015

Si yo pudiera morder la tierra toda / Pessoa


                                                                                            Autor de la pintura: Antonio Guimaraes Santos

Si yo pudiera morder la tierra toda
y sentirle el sabor sería más feliz por un momento.
Pero no siempre quiero ser feliz,
es necesario ser de vez en cuando infeliz para poder ser natural.
No todo es días de sol
y la lluvia cuando falta mucho, se pide.
Por eso tomo la infelicidad con la felicidad.
Naturalmente como quien no se extraña
con que existan montañas y planicies y que haya rocas y hierbas.
Lo que es necesario es ser natural y calmado
en la felicidad o en la infelicidad.
Sentir como quien mira. Pensar como quien anda,
y cuando se ha de morir,
recordar que el día muere y que el poniente
es bello y es bella la noche que queda.
Así es y así sea.

lunes, 12 de agosto de 2013

No es mío, no es mío cuanto escribo / Fernando Pessoa





No es mío, no es mío cuanto escribo.
¿A quién lo debo?
¿De quién soy el heraldo nato?
¿Por qué, engañado,
juzgué ser mío lo que no era mío?
¿Quién más me lo dio?
Pero, sea como fuere, si la suerte
fuera que yo sea la muerte
de otra vida que en mí vive,
yo, el que estuve
ilusionado toda esta vida
aparecida,
agradezco al que del polvo que soy
me levantó
y me hizo nube un momento
del pensamiento.
Al de quien soy, erguido polvo,
sólo símbolo.