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viernes, 8 de junio de 2018

Sombras / Cavafis







Una vela es suficiente.              Porque su tenue luz
se adapta mejor,                        hace más fascinantes
las Sombras voluptuosas          que vienen del Amor.

Una vela es suficiente.              La habitación esta noche
no debe estar iluminada.           Para que sólo al sueño
y a la imaginación,                     —con poca luz—
para que sólo al sueño               me abandone
en las sombras voluptuosas       que me trae el Amor.



Nota: Cuando escribió este poema, Cavafis vivía en una casa de la calle Lepsius,
donde carecía de luz eléctrica.





viernes, 20 de octubre de 2017

Desde las nueve / Cavafis





Doce y media. Rápidamente el tiempo
pasó desde las nueve, cuando encendí mi lámpara
y me senté aquí. Estoy sentado
sin hablar o leer. ¿A quién podría hablar
en la casa desierta?

La imagen de mi cuerpo joven,
cuando encendí mi lámpara a las nueve,
vino a mi encuentro despertando
un perfume de cámaras cerradas
y pasado placer. ¡Qué audaz placer!
También trajo a mis ojos
calles ahora no reconocibles,
lugares de otro tiempo donde la vida ardió,
viejos teatros o cafés difuntos.

La imagen de mi cuerpo joven vino
y me trajo también memorias tristes:
las penas familiares, los adioses,
los sentimientos de los míos,
los sentimientos de los muertos
apenas atendidos.

Doce y media. Cómo pasan las horas.
Doce y media. Cómo pasan los años.



viernes, 21 de julio de 2017

Una noche / Cavafis







El cuarto era pobre y vulgar,
oculto en los altos de una taberna equívoca.
Desde la ventana se veía la calleja,
sucia y estrecha. Desde abajo
llegaban las voces de algunos obreros
que jugaban a las cartas y que se divertían.
Y allí en la cama humilde, ordinaria
poseí el cuerpo del amor, poseí los labios
voluptuosos y rojos de la embriaguez,
rojos de tal embriaguez, que también ahora
cuando escribo, ¡después de tantos años!,
en mi casa solitaria, me embriago nuevamente.





viernes, 2 de diciembre de 2016

Raro privilegio / Cavafis




Es un anciano.
Agotado y encorvado,
quebrado por los excesos y los años
avanza con paso lento
a lo largo del callejón.
Y sin embargo,
cuando entra en su casa
para esconder su vejez y decaimiento,
hace cuentas de la parte
que tiene aún de juventud.

En ese momento
los adolescentes recitan
los versos que él compuso,
sus visiones pasan
por los ojos ardientes de los jóvenes.
Su espíritu voluptuoso y sano,
su carne firme con líneas puras,
se conmueven ante la expresión
que él ha dado a la belleza.



sábado, 9 de enero de 2016

La ciudad / Cavafis





Dices: "Iré a otra tierra, hacia otro mar
y una ciudad mejor con certeza hallaré.
Pues cada esfuerzo mío está aquí condenado,
Y muere mi corazón
lo mismo que mis pensamientos en esta desolada languidez.
Donde vuelvo los ojos sólo veo
las oscuras ruinas de mi vida
y los muchos años que aquí pasé o destruí".

No hallarás otra tierra ni otro mar.
La ciudad irá en ti siempre. Volverás
a las mismas calles. Y en los mismos suburbios llegará tu vejez;
en la misma casa encanecerás.
Pues la ciudad es siempre la misma. Otra no busques —no la hay—
ni caminos ni barco para ti.
La vida que aquí perdiste
la has destruido en toda la tierra.