Mostrando entradas con la etiqueta Ted Hughes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ted Hughes. Mostrar todas las entradas

viernes, 7 de febrero de 2025

Los caballos / Ted Hughes

 







Subí a través del bosque en la hora oscura antes del alba.
Un aire amenazante, una quietud de hielo;

ni una hoja, ni un pájaro:
un mundo hecho de escarcha. Llegué a lo alto del bosque

donde creaba al respirar figuras retorcidas en la luz de hierro.
Pero drenaban ya la oscuridad los valles

y luego –ennegreciendo los vestigios grises– en la linde
del claro se abrió el cielo. Y vi entonces los caballos.

Enormes en la espesa niebla –diez en total–
quietos como menhires. Respiraban inmóviles,

sus crines lacias, sus precisos cascos angulados,
sin hacer ningún ruido.

Pasé a su lado. Ninguno resopló ni giró la cabeza.
Fragmentos grises, silenciosos

de un silencioso mundo gris.
Y arriba en la ladera me detuve a escuchar el vacío.

Y el lamento de un pájaro mostró su filo en el silencio.
De a poco era posible percibir detalles. Luego

brotó naranja, rojo el rojo sol
en silencio, y rompiendo desde el centro una rasgada nube,

sacudió el fondo abierto, hizo ver el azul
y los grandes planetas suspendidos.

Yo volví,
tropezando en la fiebre de mi sueño, hacia el bosque

desde las cimas encendidas,
a donde estaban los caballos. Ahí seguían,

ahora humeando y brillantes en la luz,
sus lacias crines pétreas, sus cascos delicados

conmoviéndose en el deshielo mientras todo alrededor
fulguraba en los fuegos de la escarcha. Pero seguían en silencio.

Ninguno hizo un sonido,
con sus cabezas suspendidas, sin apuro, igual que el horizonte,

muy arriba del valle, bajo los altos rayos rojos.
En las calles ruidosas, a través de los años, las personas,

ojalá pueda siempre recordar este sitio solitario
entre los rayos y las nubes rojas, donde escuché los pájaros,
donde escuché durar los horizontes.



viernes, 12 de noviembre de 2021

Rosa del alba / Ted Hughes

 





    Está fundiéndose una vieja luna helada.
 
    Agonía bajo agonía, el silencio del polvo,
y un cuervo que conversa con los cielos de piedra.

    Desolado es el grito recortado del cuervo
como boca de vieja
cuando los párpados terminan
y las colinas persisten.

    Un grito
sin palabras
como el quejarse del recién nacido
en la balanza metálica.

    Como el sordo fogonazo y su estertor
entre coníferos, a la media luz lluviosa.

    O como la estrella de sangre repentinamente caída,
pesadamente caída sobre la hoja suculenta.

pesadamente caída sobre la hoja suculenta.



viernes, 26 de marzo de 2021

Cómo empezó a jugar el agua / Ted Hughes

 




  

Agua quería vivir
fue al sol y volvió llorando
Agua quería vivir
fue a los árboles la quemaron volvió llorando
La pudrieron volvió llorando
Agua quería vivir
fue a las flores la pisaron volvió llorando
Quería vivir
fue al vientre encontró sangre
volvió llorando
fue al vientre encontró cuchillo
volvió llorando
fue al vientre encontró gusano y podredumbre
volvió llorando quería morir

Fue al tiempo fue por la puerta de piedra
volvió llorando
fue por todo el espacio buscando nada
volvió llorando quería morir

Hasta que no le quedó lloro

Yacía en el fondo de todas las cosas
completamente agotada completamente claro todo