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viernes, 29 de agosto de 2025

Nada ocurre dos veces / Wislawa Szymborska






Nada ocurre dos veces
y nunca ocurrirá.
Nacimos sin experiencia,
moriremos sin rutina.

Aunque fuéramos los alumnos
más torpes en la escuela del mundo,
nunca más repasaremos
ningún verano o invierno.

Ningún día se repite,
no hay dos noches iguales,
dos besos que dieran lo mismo,
dos miradas en los mismos ojos.

Ayer alguien pronunciaba
tu nombre en mi presencia,
como si de repente cayera
una rosa por la ventana abierta.

Hoy, cuando estamos juntos,
vuelvo la cara hacia el muro.
¿Rosa? ¿Cómo es la rosa?
¿Es flor? ¿O tal vez piedra?

¿Y por qué tú, mala hora,
te enredas en un miedo inútil?
Eres, pues estás pasando,
pasarás —es bello esto.

Sonrientes, abrazados,
intentemos encontrarnos,
aunque seamos distintos
como dos gotas de agua.



viernes, 14 de junio de 2024

Un gato en un piso vacío / Wislawa Szymborska

 




Morir, eso no se le hace a un gato.
Porque qué puede hacer un gato
en un piso vacío.
Trepar por las paredes.
Restregarse entre los muebles.
Parece que nada ha cambiado
y, sin embargo, ha cambiado.
Que nada se ha movido,
pero está descolocado.
Y por la noche la lámpara ya no se enciende.
 
Se oyen pasos en la escalera,
pero no son esos.
La mano que pone el pescado en el plato
tampoco es aquella que lo ponía.
 
Hay algo aquí que no empieza
a la hora de siempre.
Hay algo que no ocurre
como debería.
 
Aquí había alguien que estaba y estaba,
que de repente se fue
e insistentemente no está.
 
Se ha buscado en todos los armarios.
Se ha recorrido la estantería.
Se ha husmeado debajo de la alfombra y se ha mirado.
Incluso se ha roto la prohibición
Y se han desparramado los papeles.
Qué más se puede hacer.
Dormir y esperar.
 
Ya verá cuando regrese,
y verá cuando aparezca.
Se va a enterar
de que eso no se le puede hacer a un gato.
Irá hacia él
como si no quisiera,
despacito,
con las patas muy ofendidas.
Y nada de saltos y maullidos al principio.

viernes, 16 de junio de 2023

Vida al instante / Wislawa Szymborska

 




Vida al instante.
Representación sin ensayo.
Cuerpo sin prueba.
Cabeza sin reflexión.
 
No conozco el papel que tengo.
Sólo sé que es mío, intransferible.
 
De qué trata la obra,
tengo que adivinarlo sobre el propio escenario.
 
Mal preparada para el honor de vivir,
apenas si aguanto el ritmo de la acción impuesto.
Improviso, aunque aborrezco la improvisación.
Tropiezo a cada paso con el desconocimiento de las cosas.
Mi forma de ser huele a provincial.
Mis instintos son los de un aficionado.
El miedo escénico, como justificación, me humilla mucho más.
Siento como crueles las circunstancias atenuantes.
Imposible retirar palabras y gestos,
estrellas mal contadas,
el carácter, abrigo que abotonado sobre la marcha:
he aquí los lamentables resultados de las prisas.
 
¡Si pudiera ensayar aunque fuera sólo un miércoles antes
o repetir otra vez al menos un jueves!
Pero ahí está el viernes con un diálogo que desconozco.
¿Es justo? —pregunto
(con la voz ronca,
porque ni siquiera me han dejado aclararme la voz
entre bastidores).
 
Ilusorio pensar que se trata de un examen secundario
que tiene lugar en una sala fortuita. No.
Estoy de pie entre los decorados y veo lo sólidos que son.
Me sorprende la precisión de todo este atrezzo.
Los engranajes funcionan ya desde hace tiempo.
Han sido encendidas incluso las más lejanas nebulosas.
Ah, no me cabe duda de que se trata del estreno.
Y haga lo que haga
se convertirá para siempre en lo que hice.


viernes, 14 de mayo de 2021

Una del montón / Wislawa Szymborska

 





Soy la que soy.
Casualidad inconcebible
como todas las casualidades.

Otros antepasados
podrían haber sido los míos
y yo habría abandonado
otro nido,
o me habría arrastrado cubierta de escamas
de debajo de algún árbol.

En el vestuario de la naturaleza
hay muchos trajes.
Traje de araña, de gaviota, de ratón de monte.
Cada uno, como hecho a la medida,
se lleva dócilmente
hasta que se hace tiras.

Yo tampoco he elegido,
pero no me quejo.
Pude haber sido alguien
mucho menos individuo.
Parte de un banco de peces, de un hormiguero, de un enjambre,
partícula del paisaje sacudida por el viento.

Alguien mucho menos feliz,
criado para un abrigo de pieles
o para una mesa navideña,
algo que se mueve bajo un cristal de microscopio.

Árbol clavado en la tierra,
al que se aproxima un incendio.

Hierba arrollada
por el correr de incomprensibles sucesos.

Un tipo de mala estrella
que para algunos brilla.

¿Y si despertara miedo en la gente,
o sólo asco,
o sólo compasión?

¿Y si hubiera nacido
no en la tribu debida
y se cerraran ante mí los caminos?

El destino, hasta ahora,
ha sido benévolo conmigo.

Pudo no haberme sido dado
recordar buenos momentos.

Se me pudo haber privado
de la tendencia a comparar.

Pude haber sido yo misma, pero sin que me sorprendiera,
lo que habría significado
ser alguien completamente diferente.




viernes, 27 de septiembre de 2019

Nada en propiedad / Wislawa Szymborska







Nada en propiedad, todo prestado.
Estoy en deudas hasta las orejas.
Tendré que pagar por mí
conmigo misma,
por la vida dar la vida.

Así está establecido:
el corazón, devolverlo,
el hígado, devolverlo,
y dedo por dedo también.

Muy tarde para anular el contrato.
Me van a arrancar el contrato
junto con toda la piel.

Voy por el mundo
entre una multitud de otros deudores.
Sobre unos pesa el apremio
de pagar los abonos de sus alas.
Otros, quiéranlo o no,
tendrán que declarar declararán sus hojas.

En la columna del Debe,
todos nuestros tejidos.
Ni pestañas, ni ramitas
que conservar para siempre.
El inventatio es preciso
y todo parece indicar
que al final no tendremos nada.

Y no me puedo acordar
dónde, cuándo y para qué
permití que me abrieran
esta cuenta.

La protesta contra eso
es lo que llamamos alma.
Y es esto lo único
que no está en el inventario.



viernes, 12 de octubre de 2018

Amor a primera vista / Wislawa Szymborska








Ambos están convencidos
de que los ha unido un sentimiento repentino.
Es hermosa esa seguridad,
pero la inseguridad es más hermosa.

Imaginan que como antes no se conocían
no había sucedido nada entre ellos.
Pero ¿qué decir de las calles, las escaleras, los pasillos
en los que hace tiempo podrían haberse cruzado?

Me gustaría preguntarles
si no recuerdan
—quizá un encuentro frente a frente
alguna vez en una puerta giratoria,
o algún "lo siento"
o el sonido de "se ha equivocado" en el teléfono—,
pero conozco su respuesta.
No recuerdan.

Se sorprenderían
de saber que ya hace mucho tiempo
que la casualidad juega con ellos,
una casualidad no del todo preparada
para convertirse en su destino,
que los acercaba y alejaba,
que se interponía en su camino
y que conteniendo la risa
se apartaba a un lado.

Hubo signos, señales,
pero qué hacer si no eran comprensibles.
¿No habrá revoloteado
una hoja de un hombro a otro
hace tres años
o incluso el último martes?

Hubo algo perdido y encontrado.
Quién sabe si alguna pelota
en los matorrales de la infancia.

Hubo picaportes y timbres
en los que un tacto
se sobrepuso a otro tacto.
Maletas, una junto a otra, en una consigna.
Quizá una cierta noche el mismo sueño
desaparecido inmediatamente después de despertar.

Todo principio
no es mas que una continuación,
y el libro de los acontecimientos
se encuentra siempre abierto a la mitad.



viernes, 22 de septiembre de 2017

El cielo / Wilslawa Szymborska





Por ahí habría que haber empezado: el cielo.
Ventana sin alféizar, sin marco, sin cristales.
Un hueco, nada más que un hueco,
pero abierto de par en par.

No tengo que esperar una noche clara
ni levantar la cabeza
para mirar el cielo.
Lo tengo a mis espaldas, a mano, en mis párpados.
El cielo me envuelve por completo
y me eleva.

Ni las montañas más altas
están más cerca del cielo
que los valles más profundos.
En ningún lado hay más cielo
que en otro.
Tan brutalmente aoprimida por el cielo
está la nube como la tumba.
Tan en las nubes está el topo extasiado
como las lechuzas que agita sus alas.
Aquello que cae al abismo
cae del cielo al cielo.

Arenosas, fluidas, rocosas
inflamadas y volátiles
extensiones de cielo, migajas de cielo,
bocanadas y montones de cielo.
El cielo está omnopresente
hasta en la oscuridad  bajo la piel.

Como cielo, defecto cielo.
Soy trampa en la trampa,
un habitante habitado,
soy un abrazo abrazado,
una pregunta en respuesta a una pregunta.

Dividirlo en el cielo y tierra
no es la forma adecuada
de pensar en este todo.
Permite tan sólo vivir
en una dirección más exacta,
más rápida de encontrar
en caso de que me busquen.
Mis señas personales
son el éxtasis y la desesperación.



jueves, 11 de febrero de 2016

Wislawa Szymborska / Si acaso




Podía ocurrir.
Tenía que ocurrir.
Ocurrió antes. Después.
Más cerca. Más lejos.
Ocurrió; no a ti.

Te salvaste porque fuiste el primero.
Te salvaste porque fuiste el último.
Porque estabas solo. Porque la gente.
Porque a la izquierda. Porque a la derecha.
Porque llovía. Porque había sombra.
Porque hacía sol.

Por fortuna había allí un bosque.
Por fortuna no había árboles.
Por fortuna una vía, un gancho, una viga, un freno,
un marco, una curva, un milímetro, un segundo.
Por fortuna una cuchilla nadaba en el agua.

Debido a, ya que, y en cambio, a pesar de.
Qué hubiera ocurrido si la mano, el pie,
a un paso, por un pelo,
por casualidad,

¡Ah, estás? ¿Directamente de un momento todavía entreabierto?
¿La red tenía un solo punto, y tú a través de ese punto?
No dejo de asombrarme, de quedarme sin habla.
Escucha
cuán rápido me late tu corazón.

lunes, 4 de febrero de 2013

La habitación del suicida / Wislawa Szymborska






Seguramente crees que la habitación estaba vacía.

Pues no. Había tres sillas bien firmes.
Una lámpara buena contra la oscuridad.
Un escritorio, en el escritorio una cartera, periódicos.
Un buda despreocupado. Un cristo pensativo.
Siete elefantes para la buena suerte y en el cajón una agenda.
¿Crees que no estaban en ella nuestras direcciones?

Seguramente crees que no había libros, cuadros ni discos.
Pues sí. Había una reanimante trompeta en unas manos negras.
Saskia con una flor cordial.
Alegría, divina chispa.
Odiseo sobre el estante durmiendo un sueño reparador
tras las fatigas del canto quinto.
Moralistas,
apellidos estampados con sílabas doradas
sobre lomos bellamente curtidos.
Los políticos justo al lado se mantenían erguidos.

No parecía que de esta habitación no hubiera salida,
al menos por la puerta,
o que no tuviera alguna perspectiva, al menos desde la ventana.

Las gafas para ver a lo lejos estaban en el alféizar.
Zumbaba una mosca, o sea que aún vivía.

Seguramente crees que cuando menos la carta algo aclaraba.
Y si yo te dijera que no había ninguna carta.
Tantos de nosotros, amigos, y todos cupimos
en un sobre vacío apoyado en un vaso.