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sábado, 18 de julio de 2026

Los acantilados irlandeses de Moher / Wallace Stevens

 






¿Quién es mi padre en este mundo, en esta casa,
en la base del espíritu?

El padre de mi padre, el padre de su padre, sus
sombras como vientos

vuelven a un pariente anterior al pensamiento, antes del habla,
a la cabeza del pasado.

Vuelven a los acantilados de Moher que se alzan en la bruma,
por sobre lo real,

se alzan sobre el tiempo y el lugar presentes, sobre
el pasto verde, húmedo.

Esto no es un  paisaje, pleno de las sonambulaciones
de la poesía

y el mar. Esto es mi padre, o tal vez,
es como él era,

un parecido, uno de la raza de los padres: tierra
y mar y aire.


viernes, 12 de mayo de 2023

La casa estaba en silencio y el mundo en calma / Wallace Stevens

 




La casa estaba en silencio y el mundo en
          calma.
El lector se convirtió en el libro; y la noche
          estival
 
era como el ser consciente del libro.
La casa estaba en silencio y el mundo en
          calma.
 
Las palabras fueron dichas como si no
          hubiese libro,
fuera de que el lector inclinado sobre la
          página
 
deseaba inclinarse, deseaba ser
el erudito para el cual su libro es real, para
          el cual
 
la noche estival es como una perfección
          del pensamiento.
La casa estaba en silencio porque debía
          estarlo.
 
La quietud era parte del significado, parte
           de la mente:
el acceso de la perfección a la página.
 
Y el mundo estaba en calma. La verdad en
           un mundo en calma,
donde no existe otro significado, él mismo
 
es calma, él mismo es verano y noche, él
           mismo
es el lector inclinándose hasta tarde y leyendo
           allí. 





viernes, 20 de enero de 2023

El poema que ocupó el lugar de una montaña / Wallace Stevens

 






Allí estaba, palabra tras palabra,
el poema que ocupó el lugar de una montaña.

Él aspiraba de su oxígeno,
incluso cuando el libro yacía del revés sobre el polvo, en su mesa.

Le trajo a la memoria cómo necesitó
de algún lugar para seguir su rumbo,

Cómo llegó a recomponer los pinos,
a trasladar las rocas, abrir camino entre las nubes,

para una perspectiva que sería perfecta,
donde él se consumase en una inexplicable consunción:

La exacta roca en donde sus inexactitudes
descubriesen, al fin, el panorama hacia el que había tendido,

Donde pudiese yacer y, contemplando el mar,
reconocer su hogar, único y solitario.



viernes, 8 de abril de 2022

El poema de la mente / Wallace Stevens

 




El poema de la mente en el acto de hallar
Lo que habrá de bastarle. No siempre hubo de hallar:
La escena era precisa: repetía
Lo que había en el guión.
Entonces el teatro
Cambiaba en algo más. Y su pasado era un recuerdo.

Ha de vivir. Saber el habla del lugar.
Ha de encarar a los hombres del tiempo,
Hallar a las mujeres del tiempo; pensar acerca de la guerra
Y hallar lo que habrá de bastarle. He de
Edificar un escenario nuevo, estar sobre el escenario
Y, tal actor insaciable, lentamente y con
Meditación decir palabras que en el oído
En el más delicado oído de la mente, repitan
Exactamente lo que quiere oír, en cuyo
Sonido, un invisible auditorio escucha
No la pieza, sino a sí mismo, expresada en una
Emoción como de dos personas, como de
Dos emociones convirtiéndose en una. El acto r es
Un autor metafísico en lo oscuro, tañendo
Un instrumento, tañendo tensas cuerdas que producen
Sonidos que atraviesan súbita equidad, que contienen
En su totalidad la mente, debajo de la cual no puede
Descender, fuera de la que no habrá de subir. Debe
Ser el encuentro de una satisfacción, y
Quizá de un hombre patinando, una mujer que baila, una
Mujer peinándose. El poema del acto de la mente.


viernes, 6 de marzo de 2020

Trece maneras de mirar un mirlo / Wallace Stevens








1
Entre veinte cerros nevados
lo único que se movía
era el ojo de un mirlo.

2
Yo era de tres pareceres,
como un árbol
en el que hay tres mirlos.

3
En el viento de otoño giraba el mirlo.
Tenía un papel muy breve en la pantomima.

4
Un hombre y una mujer
son uno.
Un hombre y una mujer y un mirlo
son uno.

5
Yo no sé si prefiero
la belleza de las inflexiones
o la belleza de las insinuaciones,
si el nido silbando
o después.

6
El hielo cubría el ventanal
de cristales bárbaros.
La sombra del mirlo
lo cruzaba de un lado a otro.
La fantasía
trazaba en la sombra
una causa indescifrable.

7
Oh, delgados hombres de Haddam,
¿por qué imagináis pájaros dorados?
¿No veis cómo el mirlo
anda entre los pies
de las mujeres que os rodean?

8
Conozco nobles acentos
e inevitables ritmos lúcidos;
pero también conozco
que el mirlo anda complicado
en lo que conozco.

9
Cuando el mirlo se perdió de vista
señaló el límite
de un círculo entre otros muchos.

10
Al ver mirlos
volar en la luz verde,
hasta los charlatanes de la eufonía
gritarían agudamente.

11
Viajaba por Connecticut
en un coche de cristal.
Una vez le entró el miedo,
por haber confundido
la sombra de su equipaje
con mirlos.

12
El río se mueve.
Estará volando el mirlo.

13
Toda la tarde fue de noche.
Nevaba,
iba a seguir nevando.
El mirlo se detuvo
en la rama del cedro.



viernes, 13 de noviembre de 2015

El hombre de nieve / Wallace Stevens





Se debe poseer un espíritu de invierno
para observar la escarcha y las ramas
de los pinos encostrados de nieve;

y haber tenido frío durante largo tiempo
para contemplar los enebros erizados de hielo,
los rudos abetos en el distante resplandor

del sol de enero; y no pensar
en ningún dolor en el sonido del viento,
en el rumor de unas pocas hojas,

que es la voz de la tierra
llena del mismo viento
que sopla en el mismo desnudo paraje

para el que escucha, el que escucha en la nieve,
y, nada en sí mismo, contempla
esa nada que no está allí y la nada que está