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miércoles, 9 de mayo de 2018

Presentación / Marcelo di Marco / Narrativa

El poeta y narrador, que es mi amigo y mi maestro, presentará su nuevo libro de cuentos:




El evento será en el Museo del Libro, este miércoles 16/5, a las 19:00. Las Heras 2555.






https://es.wikipedia.org/wiki/Marcelo_di_Marco

http://www.editorialbarenhaus.com/libros/cuento/25-noches-de-insomnio/

viernes, 28 de julio de 2017

Carmina Marina / Marcelo di Marco






12


Y no solamente el olvido
de las aguas:
también la tarde se repliega,
se silencia de sopor salino.
En rumores se desprende, se retira,
así también como el mar.
La tarde ahora en lo tardío se adivina:
ahora la tarde en lo tardío, sumergida.
Como latido así de luz, casi encendido
que se oye acaso muerto de crepúsculo.
Del día, la caída aquí y ahora. Pero tu luz,
ah, tu luz, lo indescifrable, la paz, su suceder
—qué inefable contingencia en tu mirada—,
tu radiante aura, su destello. La fuente, sí,
delicada de leticia que allí se fragua y surge,
que se eleva de lo hondo
en tu pupila.
Dejame demorarme en esa epifanía luminosa.
La sombra se apoderaría de la mar,
distendería la noche sobre el mar
la solemne intensidad de su armonía,
ese telón de insistente peso lento,
si cerrases los ojos. Si cerrases los ojos.






martes, 26 de julio de 2016

El naufragio de una voz








Recuerdo haber leído en internet —sería el 2004 o 2005— una serie de poemas bajo el nombre Cármina Marina. Recuerdo haberme emocionado por el fulgor de claridad en las imágenes, recuerdo haberme preguntado cómo habría hecho el autor para escribir con tal intensidad.
Sé que fue por aquel tiempo, y por una sencilla razón: yo no conocía a Marcelo di Marco. Digo que no lo conocía, porque ni siquiera imaginaba con asistir a su taller, publicar mi primer libro. A decir verdad, a mí me fascinaba —y aún me fascina— la poesía Imaginista: nombre pergeñado por Ezra Pound para plasmar una clara imagen en la mente del lector.
Marcelo, hace pocas semanas, me contó que había publicado un nuevo libro de poemas. Nadie lo sabía. Era secreto. Cármina Marina debía ser un regalo para su esposa, Nomi Pendzik.
Y así, después de la segura sorpresa de Nomi, también lo fue para mí mismo: Marcelo me confió el libro de poemas. Más de diez años después, Cármina Marina estaba en mis manos.
Y quedé realmente conmovido: volví a pasar por el corazón los poemas de Cármina Marina. Un libro que da cuenta no sólo del amor de Marcelo para su esposa, sino para la poesía misma. Porque son poemas lúcidos, poemas que despertarán en cualquier lector un sinfín de sensaciones que los sacará del mundo de todos los días.
Pero quisiera decir algo más: Marcelo —a modo de presentación— en la contratapa parafrasea a un poeta: “Me atrevo a decirlo”. Palabras que trazó Eliot en el poema “La canción de amor de J. Alfred Prufock”.
Y yo también me atrevo a decirlo, yo también voy a parafrasear a Eliot: “El mejor crítico es aquel que convence a un lector para que lea un poema”.
Dios quiera que yo lo haya logrado. 




miércoles, 8 de junio de 2016

Festival internacional de poesía


En el marco del Festival, Marcelo di Marco dictará este viernes un taller de poesía:
                                          
                               "La música hecha palabra: el entramado de la lengua poética".



Más info:

http://www.clarin.com/cultura/Escuela-poesia-claves-buenos-versos_0_1590441097.html




jueves, 7 de agosto de 2014

Esa serena sombra / Marcelo di Marco



El sol en lanzas



Imagino que Esa serena sombra (800 golpes, 2013) es una especie de continuación de El viento planea sobre la tierra (Último reino, 1983). La diferencia es que en este último libro de Marcelo di Marco no fue escrito bajo aquella calma desesperada con la que trazó ese otro libro de poemas hace 30 años. Existe, de por sí, algo: no una calma desesperada, sino un ansia. Pero un ansia ya sosegada, como un regresar a la patria, a su país natal. Lo dicen estos esplendorosos haikus:

                                                             Te espero. Calmo.
                                                             Como el silencio de este
                                                             mar que te busca.


                                                             Como un rumor
                                                             de agua que se desliza.
                                                             Así es tu voz.


                                                             Notas de tinta
                                                             en tatuajes de espuma
                                                             contra la costa.

                                             
                                                             Leve se abisma
                                                             esa serena sombra:
                                                             acecha el beso.


                                                              
Y así, bajo un lúcido imaginismo, nos hace parte de su contemplación: una configuración de cristal que se va proyectando en filos, poco a poco, partiéndose en miles de fulguraciones contra nuestros ojos. Como en este poema:

                                                              El sol en lanzas
                                                              hundiéndose en la tierra
                                                              de un mar tan último.




martes, 16 de julio de 2013

En una estación del metro / Ezra Pound





                                   La aparición de estas caras en la multitud:
                                   pétalos de un ramo húmedo y negro.




Una vez Pound salía del subte, y una cara de mujer le llamó la atención por su belleza. Inmediatamente después se le cruzó otra, más bella todavía. El poeta intuyó que había encontrado un hermoso asunto para un poema. Durante toda esa semana buscó las palabras adecuadas para expresar la emoción súbita que le produjeron las apariciones. (Marcelo di Marco, del libro Taller de Corte & Corrección).

Estas apariciones:




Multitud=paisajismo

Pétalos=caras hermosas 

Un ramo húmedo y negro= el contraste



martes, 27 de noviembre de 2012

Lucila in Wonderland / Marcelo di Marco




Casi siempre sí
y especialmente cuando nos asomamos
desde el borde de las sombras
por el más imposible ángulo de tu cama
y nos quedamos viendo con ojos derretidos
                                          cómo
el prudente Odiseo navegaba
con su potente y negra y plateada torpedera
al sol y por espléndidos alcoholes
                                   Viendo abrazados
la voz del coronel Kurtz ya sin tiempo que decía
                                       the horror
                                       the horror
mientras la tarde oscurecía afuera
y se encendían las luces del Gaumont
                                    Viendo cómo
bajo la luna
bandadas de estúpidas gaviotas
le disputaban a una foca de Proteo
las tripas increiblemente rojas se andá a saber
                                               quién
                                                          Viendo que
como un buque de fantasmas
nuestra generación anclaba en cafés de madrugada
nacía a sus penas bebía sus años y se entregaba sin luchar
                                                          Viendo cómo
el muy tetón de Tiresias
negaba sus dones a mi pueblo
haciendo caer MUERTE sin discriminación
                                       Viendo aparecer
Por el viento aviones
de todos colores
                 HARRIER
                 LESTRIGON
                 SEA KING
y demás girocópteros y misiles aire tierra
y nosotros marchando por autopistas resquebrajadas
                                                  Viéndonos
volver por caminos nocturnos de carteles publicitarios
huyéndole al asco
a la forma de los cerdos
                        Viendo caer
sobre la Plaza de la República
una lluvia de pescaditos escurridizos
en tanto que las Hondas Blancas
avanzaban por Corrientes
entre nubes de Gases Urticantes
                                     Viendo multitudes
vivando en Plaza Mayo tenían los ojos
atravesados por banderas banderas banderas
cuando de lo alto caían gritos y bastones
                  bastones
                                     bastones
     bastones
                          caían de lo alto
                                               Viendo
morir por agua a Flebas el fenicio
chapaleaba entre estallidos en el Atlántico Sur
                                               Viendo manos
que enviaban a otras manos troncos
arrugados
absurdamente envueltos en lustrosos ataúdes
embanderados
            Viendo
cuerpos espectrales decapitados sumergidos
en las aguas de la fuente del Congreso
danzaban Ravel Mahler y no sé qué más
                                     Viendo cómo
El Señor Tremendo De Los Puertos
cargaba nuestros cadáveres
Por calles adoquinadas
bailando un aquelarre
en la pendiente de la noche







Nota: Poema beat, como si Allen Ginsberg lo trazara en un Buenos Aires 1982.