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viernes, 11 de octubre de 2024

Resurrección / Roberto Bolaño

 




La poesía entra en el sueño
como un buzo en el lago.
La poesía, más valiente que nadie,
entra y cae
a plomo
en un lago infinito como Loch Ness
o turbio e infausto como el lago Batalón.
Contempladla desde el fondo:
un buzo
inocente
envuelto en las plumas
de la voluntad.
La poesía entra en el sueño
como un buzo muerto
en el ojo de Dios.



viernes, 4 de marzo de 2022

Tu lejano corazón / Roberto Bolaño

 





No me siento seguro
En ninguna parte
La aventura no termina
Tus ojos brillan en todos los rincones
No me siento seguro
En las palabras
Ni en el dinero
Ni en los espejos
La aventura no termina jamás
Y tus ojos me buscan


viernes, 1 de enero de 2021

Lluvia / Roberto Bolaño

 




Llueve y tú dices es como si las nubes
lloraran. Luego te cubres la boca y apresuras
el paso. ¿Como si esas nubes escuálidas lloraran?
Imposible. Pero entonces, ¿de dónde esa rabia,
esa desesperación que nos ha de llevar a todos al diablo?
La Naturaleza oculta algunos de sus procedimientos
en el Misterio, su hermanastro. Así esta tarde
que consideras similar a una tarde del fin del mundo
más pronto de lo que crees te parecerá tan sólo
una tarde melancólica, una tarde de soledad perdida
en la memoria: el espejo de la Naturaleza. O bien
la olvidarás. Ni la lluvia, ni el llanto, ni tus pasos
que resuenan en el camino del acantilado importan;
Ahora puedes llorar y dejar que tu imagen se diluya
en los parabrisas de los coches estacionados a lo largo
del Paseo Marítimo. Pero no puedes perderte.



sábado, 21 de febrero de 2015

Sucio, mal vestido / Roberto Bolaño





En el camino de los perros mi alma encontró 
a mi corazón. Destrozado, pero vivo, 
sucio, mal vestido y lleno de amor. 
En el camino de los perros, allí donde no quiere ir nadie. 
Un camino que sólo recorren los poetas 
cuando ya no les queda nada por hacer. 
¡Pero yo tenía tantas cosas que hacer todavía! 
Y sin embargo allí estaba: haciéndome matar 
por las hormigas rojas y también 
por las hormigas negras, recorriendo las aldeas 
vacías: el espanto que se elevaba 
hasta tocar las estrellas. 
Un chileno educado en México lo puede soportar todo, 
pensaba, pero no era verdad. 
Por las noches mi corazón lloraba. El río del ser, decían 
unos labios afiebrados que luego descubrí eran los míos, 
el río del ser, el río del ser, el éxtasis 
que se pliega en la ribera de estas aldeas abandonadas. 
Sumulistas y teólogos, adivinadores 
y salteadores de caminos emergieron 
como realidades acuáticas en medio de una realidad metálica. 
Sólo la fiebre y la poesía provocan visiones. 
Sólo el amor y la memoria. 
No estos caminos ni estas llanuras.
No estos laberintos.
Hasta que por fin mi alma encontró a mi corazón.
Estaba enfermo, es cierto, pero estaba vivo.