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viernes, 5 de julio de 2019

Un supermercado en California / Allen Ginsberg










Qué pensamientos tengo de ti esta noche, Walt Whitman,
luego de sumergime en callecitas laterales, bajo los árboles,
con aquel dolor de cabeza, ensimismado en la contemplación
de la luna llena.
¡En mi hambrienta fatiga, y para comprar imágenes,
entré en el supermercado de frutas, soñando con tus enumeraciones!
¡Qué duraznos y qué penumbras! ¡Familias enteras
comprando de noche! ¡Pasillos llenos de maridos! Esposas
en las paltas, bebés en los tomates!; y tú García Lorca,
¿qué hacías allí, junto a las sandías?
Te vi, Walt Whitman, sin niños, solitario viejo harapiento,
hurgando entre las carnes en el refrigerador, y
mirando a los muchachos de la carnicería.
Oí las preguntas que le hacías a cada uno de ellos:
¿Quién mató las costillas de cerdo? ¿A qué precio las
bananas? ¿Eres mi Angel?
Anduve alternativamente por las brillantes pilas de
latas, siguiéndote, perseguido en mi imaginación por el
policía del negocio.
Juntos recorrimos los abiertos corredores de nuestra solitaria
fantasía, probando alcauciles, gozando de cada una
de las heladas golosinas,
y sin pasar nunca por la caja.
¿Adónde vamos, Walt Whitman? Las puertas se cerrarán
dentro de una hora. ¿Hacia dónde apunta tu barba
esta noche?
(Toco tu libro, y sueño con tu odisea en el supermercado
y me siente absurdo.)
¿Caminaremos toda la noche por las calles solitarias? Los
árboles añaden sombra a las sombras, las luces de las casas
se apagaron, nos sentiremos solos.
¿Pasearemos soñando con la perdida América del amor
al lado de automóviles azules en las carreteras, camino
hacia nuestra silenciosa casita?
Ah, padre querido, barba gris, solitario y viejo maestro
del valor,
qué América tuviste cuando Caronte dejó de impulsar
tu barca y tú descendiste a una humeante orilla observando
cómo desaparecía la balsa sobre las negras aguas
del Leteo?



viernes, 25 de noviembre de 2016

Canción / Allen Ginsberg






El peso del mundo 
         es amor. 
Bajo la carga 
         de soledad, 
bajo la carga 
de insatisfacción 

         el peso, 
el peso que llevamos 
         es amor. 

¿Quién puede negarlo? 
         En sueños 
toca 
         el cuerpo, 
en pensamiento 
         construye 
un milagro, 
         en imaginación 
se angustia 
         hasta nacer 
en humano… 

se asoma desde el corazón 
         ardiendo de pureza, 
porque la carga de la vida 
         es amor, 

pero llevamos el peso 
         fatigosamente, 
y así debemos descansar 
en los brazos del amor 
         al fin, 
debemos descansar en los brazos 
         del amor. 

No hay descanso 
         sin amor, 
no se duerme 
         sin sueños 
de amor… 
         estés loco o helado 
obsesionado con ángeles 
          o máquinas, 
el deseo final 
          es amor 
-no puede ser amargo, 
          no puede negarse, 
no puede retener
        si es negado: 

el peso es demasiado pesado 

-debe darse 
sin retorno 
         como el pensamiento 
dado 
         en soledad 
con toda la excelencia 
        de su exceso. 

Los cuerpos cálidos 
        brillan juntos 
en la oscuridad, 
        la mano se mueve 
hasta el centro 
        de la carne, 
la piel tiembla 
        en felicidad 
y el alma llega 
        gozosa hasta el ojo… 

sí, sí, 
        eso es lo que 
yo deseé, 
        siempre deseé, 
        volver 
a mi cuerpo
        donde he nacido.