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viernes, 9 de enero de 2026

Playa de Berck / Sylvia Plath

 


                                   I

Así que esto es el mar, este inmenso pasmo.
Ah, cómo supura mi herida inflamada con el cataplasma del sol.

Sorbetes de colores electrizantes, extraídos del congelador
por pálidas muchachas, recorren el aire en manos requemadas.

¿Por qué está todo tan tranquilo? ¿Qué andarán buscando?
Yo sí tengo dos piernas, y camino sonriente.

Una sordina de arena mitiga las vibraciones;
extendiéndose varios quilómetros, reduce las viejas voces
 
ondulantes, sin muletas, a la mitad de su tamaño.
Las líneas de mira, abrasadas por estas superficies yermas,
 
son como búmeran, como gomas sujetas que al volver golpean a sus dueños.
No me extraña que ese hombre lleve gafas de sol.
 
No me extraña que vista una sotana negra.
Ahí viene, andando entre los pescadores de caballa
 
que le vuelven la espalda formando un muro, mientras manipulan
los rombos verdes y negros como si fueran partes de un cuerpo.
 
El mar, que los cristalizó, se marcha reptando, escindido
en miles de serpientes, con su sempiterno siseo de angustia.

 

viernes, 21 de junio de 2024

Palabras / Sylvia Plath

 


                                                                                                 foto: libraries.indiana.edu



¡Hachas
Después de cuyo golpe resuena la madera—
Y ecos!
Ecos viajando, alejándose
del centro como caballos
 
La savia fluye
como lágrimas, como
agua esforzándose
por rehacer su espejo
en la roca
 
que cae y gira,
una calavera blanca,
devorada por el verde de la hierba.
Años más tarde yo
las encuentro en el camino—
 
palabras estériles e indómitas,
infatigables golpes de cascos.
Mientras
desde el fondo de un estanque, estáticas estrellas
gobiernan una vida.



viernes, 4 de agosto de 2023

Quema de brujas / Sylvia Plath

 



En la plaza del mercado están apilando leña seca.
No es buen abrigo un atado de sombras. Vivo
en la imagen de cera de mí misma, un cuerpo de muñeca.
Aquí comienza la enfermedad: soy un blanco para las brujas.
Sólo el diablo puede devorar al diablo.
En el mes de las hojas rojas subo a un lecho de fuego.
 
Es fácil culpar a lo oscuro: la boca de una puerta,
el vientre de un sótano. Han apagado mi luz.
Una dama con élitros negros me tiene encerrada
en una jaula para loros.
¡Qué grandes son los ojos de los muertos!
Mi amigo íntimo es un espíritu peludo.
Sale humo de la boca de este frasco vacío.
 
Si soy pequeña, no puedo hacer ningún daño.
Si no me muevo, no tiraré nada. Así dije,
sentada bajo la tapa de una cacerola, diminuta e inerte
como un grano de arroz.
Encienden las hornallas, una tras otra.
Estamos llenos de almidón, pequeños
compañeros blancos. Crecemos.
Al principio duele. Las lenguas rojas nos dirán la verdad.
 
Madre de los escarabajos, al menos abre tu puño:
volaré intacta a través de las fauces de la vela,
como una polilla.
Devuélveme mi forma. Estoy preparada para hablar de los días.
en los que me apareé al polvo bajo la sombra de una piedra.
Mis tobillos se iluminan. La claridad asciende por mis caderas.
Estoy perdida, estoy perdida, vestida con toda esta luz.



Witch burning / Sylvia Plath


In the marketplace they are piling the dry sticks.
A thicket of shadows is a poor coat. I inhabit
The wax image of myself, a doll's body.
Sickness begins here: I am the dartboard for witches.
Only the devil can eat the devil out.
In the month of red leaves I climb to a bed of fire.

It is easy to blame the dark: the mouth of a door,
The cellar's belly. They've blown my sparkler out.
A black-sharded lady keeps me in parrot cage.
What large eyes the dead have!
I am intimate with a hairy spirit.
Smoke wheels from the beak of this empty jar.

If I am a little one, I can do no harm.
If I don't move about, I'll knock nothing over. So I said,
Sitting under a potlid, tiny and inert as a rice grain.
They are turning the burners up, ring after ring.
We are full of starch, my small white fellows. We grow.
It hurts at first. The red tongues will teach the truth.

Mother of beetles, only unclench your hand:
I'll fly through the candle's mouth like a singeless moth.
Give me back my shape. I am ready to construe the days
I coupled with dust in the shadow of a stone.
My ankles brighten. Brightness ascends my thighs.
I am lost, I am lost, in the robes of all this light.




viernes, 28 de octubre de 2022

Soy vertical / Sylvia Plath

 




Pero preferiría ser horizontal.
No soy un árbol con raíces en el suelo,
que sorba minerales y amor maternal,
para que al llegar marzo sus hojas resplandezcan;
ni encarno la belleza de un jardín,
que atraiga exclamaciones y mueva a que lo pinten,
sin saber que muy pronto sus pétalos caerán.

Comparado conmigo, es inmortal el árbol.
Y una corola, no muy alta, pero más sorprendente,
y de uno anhelo la longevidad, y de la otra la audacia.

Esta noche, a la luz infinitesimal de las estrellas,
las flores y los árboles han estado esparciendo su refrescante aroma.
Yo camino entre ellos, pero ninguno se da cuenta.
A veces pienso en eso cuando duermo,
tengo que parecérmeles lo más posible:
pensamientos que se han ido empañando.
Yo, que estoy acostada, lo siento como algo natural.
Así es que el cielo y yo tenemos nuestras charlas,
y he de ser útil cuando yazca al fin:
por una vez, entonces, me tocarán los árboles, 
y tendrán tiempo para mí las flores.


viernes, 13 de agosto de 2021

Tulipanes / Sylvia Plath

 





Los tulipanes son muy sensibles, y es invierno aquí.
Mira qué blanco está todo, qué quieto, qué nevado.
Estoy aprendiendo a estar en calma, yaciendo sola, tranquila
como la luz sobre estas paredes blancas, esta cama, estas manos.
No soy nadie, no tengo nada que ver con estallidos.
Les di mi nombre y mi ropa de diario a las enfermeras,
mi historia al anestesista, y mi cuerpo a los cirujanos.

Y aquí estoy, con la cabeza suspendida entre la almohada y el embozo,
como un ojo entre dos párpados blancos que no quieren cerrarse.
Estúpida pupila, siempre tiene que captarlo todo.
Las enfermeras pasan una y otra vez, sin molestar,
igual que pasan las gaviotas volando tierra adentro, con sus cofias blancas,
las manos ocupadas, la una idéntica a la otra,
por lo que resulta imposible decir cuántas hay.

Mi cuerpo es un guijarro para ellas, lo atienden como el agua
atiende a los guijarros por sobre los que pasa, puliéndolos suavemente.
Ellas me traen el sopor con sus brillantes agujas, me traen el sueño.
Ahora que me he perdido a mí misma, estoy harta de equipajes:
mi maletín de cuero para la noche como una negra caja de remedios,
mi esposo y mi hija sonriéndome desde una fotografía;
sus sonrisas se meten bajo mi piel, pequeños anzuelos sonrientes.

Dejé que las cosas se deslizaran, soy una balsa de treinta años
obstinadamente amarrada a mi nombre y mi dirección.
Han borrado mis asociaciones amorosas.
Asustada y desnuda en la camilla de plástico verde, almohadillada,
veía cómo mi juego de té, mis aparadores, mis libros
se hundían hasta perderse de vista, mientras el agua me iba llegando al cuello.
Ahora soy una monja, nunca fui tan pura.

No quería flores, quería solamente
yacer con mis manos hacia arriba y sentirme completamente vacía.
Qué libre es una, no tienes idea hasta qué punto:
sientes una paz tan grande que te aturde, y sin exigir nada
a cambio, salvo una etiqueta con tu nombre, unas cuantas chucherías.
Eso es lo que se aferran finalmente los muertos, me los imagino
cerrando su boca sobre eso, como si fuera una hostia.

Los tulipanes, para empezar, son demasiado rojos, me lastiman.
Incluso a través del papel de regalo podía oírlos respirar
ligeramente, a través de sus envoltorios blancos, como a un horrible bebé.
Sus pétalos rojos le hablan a mi herida, y ella les corresponde.
Son de lo más sutiles: parecen flotar, pero me hunden,
perturbándome con sus súbitas lenguas y su color,
una docena de pesadas plomadas alrededor de mi cuello.

Nadie me observaba antes, ahora me siento observada.
Los tulipanes me miran, y también la ventana,
donde una vez al día un rayo de luz, lentamente, crece y decrece,
Y me veo a mí misma, plana, ridícula, una sombra en un papel,
entre el ojo del sol y los ojos de los tulipanes.
Y no tengo apariencia, he querido desparecer.
Los vividos tulipanes me devoran el oxígeno.

Antes de que ellos llegaran, el aire era bastante calmo,
entrando y saliendo de mi aliento, sin agitación.
Luego los tulipanes lo volvieron vibrante como un fuerte ruido.
Ahora el aire choca y se arremolina alrededor de ellos, como un río
choca y se arremolina alrededor de un barco hundido, oxidado y rojo.
Atraen mi atención, que antes era feliz
jugando y descansando, sin comprometerse con nada.

También las paredes parecen estar entibiándose.
Los tulipanes deberían estar enjaulados como animales peligrosos;
están abriéndose como la boca de una terrible pantera,
y soy consciente de mi corazón: él abre y cierra,
el cáliz de su roja flor sólo por amor a mí.
El agua que pruebo es tibia y salada como el mar,
y viene de comarcas tan lejanas como la salud.





viernes, 5 de marzo de 2021

Olmo / Sylvia Plath

 






Conozco el fondo, dice ella. Lo conozco con mi gran raíz:
Es lo que tú temes.
Yo no le temo:he estado allí.

¿Es el mar lo que oyes en mí,
Sus insatisfacciones?
¿O la voz de la nada, que fue tu demencia?

El amor es una sombra.
Cómo yaces y clamas por él.
Oye: esos son sus cascos: ha escapado, como un caballo.

toda la noche galoparé así, impetuosamente,
Hasta que tu cabeza sea una piedra, tu almohada una pista,
Que resuena y resuena.

¿O te traeré acaso el sonido de venenos?
Y esto ahora es la lluvia, este gran mutismo.
Y este es su fruto: de un blanco de hojalata, como el arsénico.

He sufrido la atrocidad de los ocasos.
Chamuscados hasta la raíz
Mis filamentos rojos arden y persisten, una mano de alambres.

Ahora me deshago en pedazos que vuelan como mazos.
Un viento de tal violencia
No tolera circunspectos: tengo que chillar.

La luna, también, es inmisericorde: me arrastrará
Cruelmente, ya que es estéril.
Su resplandor me escuece. O tal vez la he cogido.

La dejo ir. La dejo ir
Disminuida y chata, como después de una cirugía radical.
Cómo tus malos sueños me poseen y dotan.

Estoy habitada por un grito.
Cada noche alza el vuelo
Buscando, con sus garfios, algo que amar.

Me aterroriza esta cosa oscura
Que duerme en mí;
Todo el día siento sus suaves y sedosos vuelcos, su malignidad.

Pasan nubes y se dispersan.
¿son esas las caras del amor, esos pálidos irrecuperables?
¿Es por tales que agito mi corazón?

Soy incapaz de un mayor saber.
¿Qué es esto, esta cara
Tan asesina en su enmarañamiento de ramas?

Sus solapados ácidos besan
Petrifica la voluntad. Son los errores lentos, aislados
Que matan, que matan, que matan.



viernes, 5 de junio de 2020

Espejo / Sylvia Plath







Soy plateado y exacto. No tengo prejuicios.
Todo lo que que veo lo trago de inmediato
tal como es, sin que me empañen ni el amor ni el disgusto.
No soy cruel, soy sincero,
el ojo de un pequeño dios de cuatro ángulos.
La mayor parte del tiempo la paso meditando sobre la pared de enfrente.
Es rosada, con manchas. Tanto la miré que
me parece que ya forma parte de mi corazón. Aunque con intermitencias.
Las caras y la oscuridad nos separan una y otra vez.

Ahora soy un lago. Una mujer se inclina sobre mi,
buscando en mi extensión su verdadero ser.
Después se vuelve hacia esas mentirosas, las velas o la luna.
Veo su espalda y la reflejo fielmente.
Ella me recompensa con lágrimas y agitando las manos.
Soy importante para ella. Ella viene y va.
Es su cara, cada mañana, la que reemplaza la oscuridad.
En mi, ella ahogó a una muchacha, y en mí, una vieja
se alza hacia ella día tras día, como un pez terrible.




lunes, 1 de febrero de 2016

Las danzas nocturnas (The night dances) / Sylvia Plath



Una sonrisa tuya cae en la hierba
y se pierde para siempre.

¿Y dónde se extraviarán
tus danzas nocturnas? ¿En las matemáticas?

Saltos y espirales tan puros—
sin duda recorren

eternamente el mundo, y no me quedaré
despojada de belleza: el don

de tu pequeña vida, tu olor
a pasto mojado cuando duermes, azucenas, azucenas

que no pueden compararse con tu carne.
La cala, los fríos pliegues de su ego,

y el lirio, embelleciéndose a sí mismo—
manchas, y un despliegue de pétalos ardientes.

Los cometas
tienen que atravesar tanto espacio,

tanta frialdad, tanto olvido.
Así se desvanecen sus gestos—

cálidos y humanos, y luego su luz rosada
sangrando y desollándose

a través de las amnesias negras del cielo.
Por qué me son otorgadas

estas lámparas, estos planetas
que caen como bendiciones, como copos de nieve

hexagonales, blancos
sobre mis ojos, mis labios, mis cabellos

rozándome y fundiéndose.
En ninguna parte.