I
Así que esto es el mar, este inmenso pasmo.
Ah, cómo supura mi herida inflamada con el cataplasma del sol.
Ah, cómo supura mi herida inflamada con el cataplasma del sol.
Sorbetes de colores electrizantes, extraídos del congelador
por pálidas muchachas, recorren el aire en manos requemadas.
¿Por qué está todo tan tranquilo? ¿Qué andarán buscando?
Yo sí tengo dos piernas, y camino sonriente.
Una sordina de arena mitiga las vibraciones;
extendiéndose varios quilómetros, reduce las viejas voces
Las líneas de mira, abrasadas por estas superficies yermas,
No me extraña que ese hombre lleve gafas de sol.
Ahí viene, andando entre los pescadores de caballa
los rombos verdes y negros como si fueran partes de un cuerpo.
en miles de serpientes, con su sempiterno siseo de angustia.

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