viernes, 28 de julio de 2017

Carmina Marina / Marcelo di Marco






12


Y no solamente el olvido
de las aguas:
también la tarde se repliega,
se silencia de sopor salino.
En rumores se desprende, se retira,
así también como el mar.
La tarde ahora en lo tardío se adivina:
ahora la tarde en lo tardío, sumergida.
Como latido así de luz, casi encendido
que se oye acaso muerto de crepúsculo.
Del día, la caída aquí y ahora. Pero tu luz,
ah, tu luz, lo indescifrable, la paz, su suceder
—qué inefable contingencia en tu mirada—,
tu radiante aura, su destello. La fuente, sí,
delicada de leticia que allí se fragua y surge,
que se eleva de lo hondo
en tu pupila.
Dejame demorarme en esa epifanía luminosa.
La sombra se apoderaría de la mar,
distendería la noche sobre el mar
la solemne intensidad de su armonía,
ese telón de insistente peso lento,
si cerrases los ojos. Si cerrases los ojos.






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