martes, 27 de octubre de 2015

Hora / Antonio Requeni







Yo no digo por qué ni para qué ni cómo.
Simplemente contemplo.
Voy a las cosas y pronuncio nombres.
Desde oscuras raíces de mi sangre
sube a veces un canto que celebra
ya la luz o los ríos.
Por ejemplo, esta tarde
me he detenido a contemplar el cielo.
Qué bien queda esa nube suspendida…
Y ya mi voz comienza a difundirse
en el sosiego trémulo del aire.



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